La era fintech


En 2016 hubo una inversión acumulada de US$ 800 – US$ 1 000 millones en el sector fintech, donde el 47,9 % correspondió a «padrinos inversionistas» y tan solo el 3,2 % a instituciones financieras. ¿Cómo se perfila el impacto de este sector?


Elaborado con base en el workshop «Fintech: tecnología e innovación en el sector financiero», realizado durante la 48.ª Asamblea General.

Con Juan Antonio Ketterer, jefe de la División de Mercados de Capitales e Instituciones Financieras, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), como moderador, se reunieron diversas instituciones financieras de desarrollo y organismos internacionales afines a las finanzas tecnológicas.

El workshop tuvo como finalidad analizar y dar a conocer la situación actual de las fintech en América Latina y el Caribe, así como recoger experiencias de los bancos de desarrollo con mayor presencia de fintech. Conocer acerca de las barreras o limitaciones que las fintech atraviesan y plantear una discusión acerca de la importancia y viabilidad que hoy en día nos ofrecen estas empresas.

En ese sentido, Joaquín Domínguez, especialista financiero del BID, expuso los resultados de un estudio realizado en 2016 junto con Finnovista (organización que busca mejorar el acceso a las finanzas digitales), donde destacó el crecimiento de las fintech, que asciende a más de 700 empresas, con una mayor presencia en Brasil (32,7 %) y México (25,6 %); sin embargo, indicó que, en su mayoría, estas fintech solo se concentran en su propio país y no ven la necesidad de convertirse en multilatinas.

Señaló también la importancia de contar con un arbitraje regulatorio, planteando las interrogantes de cuándo, cómo y de qué manera debe entrar el regulador dando paso, así, al concepto de una herramienta que ya se encuentra implementada en algunos países, como Brasil y México: el sandbox regulatorio, basado en principios comunes y en una convergencia regulatoria. Finalmente, manifestó que el 42 % de las fintech busca servir a un nicho de mercado, excluido o no, atendido por la banca tradicional, convirtiéndose así en una herramienta para la inclusión financiera.

Denise Rodrigues, economista senior del Banco Nacional de Desenvolvimento Econômico e Social (Bndes), presentó la experiencia del banco con las fintech mediante la aplicación de una PoC (proof of concept) basada en cuatro tópicos: 1. Financial education, 2. Credit matching, 3. Credit risk analysis y 4. Credit reverse auction. Indicó que en esta prueba participaron 20 fintech a las que se les asignaron 20 pymes que no pudieron obtener un fondeo a través de la plataforma pyme del banco. Como resultados parciales, obtuvieron una evaluación positiva en la que el Bndes deberá decidir, sobre las posibilidades formales que existan, para trabajar con una fintech dentro de su marco legal y regulatorio.

Asimismo, mostró las diversas tecnologías y canales digitales que se vienen trabajando en el banco, con el objetivo de potencializar el acceso a los recursos del Bndes por las mipymes, identificar la mejor solución de apoyo financiero, reducir la necesidad de investigaciones sobre regularidad legal, reducir la carga física de documentos, conocer la demanda de crédito no atendida y demostrar transparencia y facilidad en el proceso de solicitud y seguimiento.

Tonatiuh Salinas, director general adjunto de la Banca Emprendedora, de Nacional Financiera (Nafin), expuso de forma pragmática cómo abordar el tema fintech mediante tres preguntas: ¿Cuál es el rol de la Banca de Desarrollo en el mundo fintech? ¿Hacia dónde va el mundo fintech? ¿Qué tan dispuestos estamos de llevar a cabo una transformación de nuestros bancos?

Para que las fintech logren un efecto disruptivo deben llevar a resultados financieros y poder, así, demostrar su viabilidad, pero para ello es necesario tener la voluntad de querer hacer, conocer el rol que cada institución financiera representa desde su propia línea de trabajo, saber hacia dónde se quiere llevar a las fintech —desde el ámbito de la especialización de cada banco— y la determinación de querer evolucionar o revolucionar las instituciones.

En cuanto al tema de regulación, Alexandre Vasco, superintendente de la Comisión de Valores Mobiliarios de Brasil (CVM), dio a conocer una de las iniciativas que, junto con el BID y ABDE, lanzaron en agosto de 2017: Financial Innovation LAB. LAB es un espacio que tiene como objetivo crear mecanismos financieros innovadores que impulsen el desarrollo sostenible, promover la inversión y el crecimiento económico, promover la asociación entre instituciones privadas y públicas, y estimular el desarrollo regional. Actualmente cuenta con 66 instituciones miembros y cuatro grupos de trabajo: Finanzas verdes, Fintech, Instrumentos Financieros e Inversión de Impacto y Títulos Verdes.

El grupo de trabajo de Fintech se centra en la regulación y soluciones innovadoras —que incluirá un estudio sobre la viabilidad de la implementación de un sandbox regulatorio a los mercados de capitales—, así como el desarrollo del ecosistema fintech y el análisis desde las instituciones financieras públicas y privadas.

Por su parte, Mauricio Albán, Chief Technology Officer del Banco de Crédito del Perú (BCP), y fundador de una fintech, planteó el desafío que representa para las instituciones financieras el colaborar con las fintech, puesto que estas trabajan bajo un modelo de escasez; sin embargo, cuentan con una atractiva oferta funcional que, en algunas ocasiones, termina convirtiéndose en una oportunidad desaprovechada.

Una característica básica de una fintech es el trabajo en modelo de escasez; por ello, trabajan en forma ágil, multidisciplinaria, planteando objetivos cortos y teniendo la capacidad de fallar, generando así una posibilidad de aprendizaje para cualquier institución financiera.

Para apoyar a las fintech, señaló que es necesario desarrollar una capacidad similar a la de un venture capitalist que permita distinguir las oportunidades que se pueden apoyar, ya sea desde un financiamiento o una inversión. Debido al alto costo de adquisición de clientes, las fintech tampoco representan una competencia para los bancos, siendo necesario trabajar una cultura de apertura y colaboración con estas, según los intereses de cada institución.

Finalmente, Juan Ketterer, moderador del workshop, manifestó el apoyo y compromiso del BID en la creación de un sandbox regulatorio regional para Latinoamérica, dando la oportunidad a las fintech de cada país de poder expandirse y desarrollarse.

Las fintech son un fenómeno que vale la pena apoyar, porque facilitan el acceso al financiamiento de las pymes, y pueden convertirse en un puente que contribuya a la inclusión financiera de quienes no están incluidos. El objetivo de reducir la brecha digital, aún existente, resulta el mayor desafío y un trabajo en conjunto que desencadenará una mayor utilización de las fintech.