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Financiamiento agrícola y rural

La banca de desarrollo y la industria forestal

Conscientes de los desafíos que genera la deforestación, los bancos de desarrollo de América Latina y el Caribe han ideado programas específicos que, además de ser alternativas eficientes para atenuar la expansión de esta problemática, aprovechan las potencialidades económicas de la industria forestal. Un recorrido por algunos de estos programas nos muestra que se trata de alternativas que generan resultados valiosos para el desarrollo sostenible de los países.

La producción mundial de los principales productos madereros creció por sexto año consecutivo en 2015, pero el valor de los intercambios comerciales disminuyó ligeramente, según la información publicada a fines de 2016 por la Organización de la Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). El aumento estuvo impulsado sobre todo por el crecimiento económico de Asia, la recuperación del mercado inmobiliario en América del Norte y el incremento del uso de la bioenergía.

En 2015, el aumento del volumen de producción de productos madereros osciló entre el 1% y el 8%. En tanto el comercio mundial en productos primarios de madera y papel, bajó de US$ 267 000 a US$ 236 000 millones, por el menor precio de los productos madereros. Al mismo tiempo, la mayor demanda de bioenergía, impulsada por los objetivos y políticas de energías renovables en Europa, conllevó un auge en la producción de pellets de madera, que se ha multiplicado por 10 en la última década.

Para la FAO “la evolución positiva en la producción de productos madereros y un rápido crecimiento en la producción y comercio de productos relativamente nuevos, indica que la industria forestal se está adaptando a los cambios y tiene un enorme potencial para jugar un papel clave en las bioeconomías emergentes”.

En lo que respecta a la situación de los bosques, la FAO señala que “en los países tropicales entre el 2000 y el 2010, la pérdida neta de floresta fue de 7 millones de hectáreas por año y la ganancia neta de tierras agrícolas de 6 millones. Estos indicadores fueron más pronunciados en los países de bajos ingresos, donde las poblaciones rurales están creciendo. La agricultura en gran escala es responsable de aproximadamente el 40% de la deforestación en el trópico y subtrópico, la agricultura de subsistencia local del 33%, infraestructura del 10%, expansión urbana del 10% y minería del 7%. En América Latina la agricultura comercial responde casi por el 70% de la deforestación”.

Desde la banca de desarrollo se han gestado programas para paliar la deforestación y, en algunos casos, apalancar el crecimiento de la industria forestal. A continuación se analizan seis programas ideados en bancos de desarrollo de Brasil, México, Ecuador y Uruguay, que sintetizan las principales tendencias.

Modelo de actuación de BNB en Brasil
El Banco do Nordeste (BNB), como principal agente financiero del Pronaf en la región nordeste de Brasil, opera el afianzamiento del sector forestal mediante la “Línea de Crédito Pronaf Floresta”, que surge ante la acelerada deforestación que se estaba produciendo. Este instrumento estimula la implantación de proyectos de sistemas agroforestales, la exploración extractiva ecológicamente sustentable, la recomposición y manutención de áreas de preservación permanente y reserva legal, la recuperación de áreas degradadas y los planes de manejo forestal.

Los recursos para el financiamiento provienen principalmente del Fondo Constitucional de Financiamiento del Nordeste (FNE), un fondo constituido por transferencia del presupuesto público. Los financiamientos son otorgados a una tasa de interés de 2,5% anual y el plazo de las operaciones es determinado de acuerdo con las condiciones de maduración del proyecto y de la obtención de renta de la actividad, siendo el máximo de hasta 20 años, incluidos 12 años de gracia. No se exigen garantías y el reembolso es de acuerdo con la capacidad de pago del cliente.

Además del crédito, a los clientes se les proporciona asistencia técnica desde la elaboración del proyecto. El banco también realiza eventos locales de capacitación y participa de ferias regionales donde difunde información sobre las condiciones operacionales del Pronaf. A junio de 2016, el saldo de operaciones es de 1 566, por un monto de US$ 3,9 millones.

Las ventajas comparativas de Brasil y el papel de BRDE
Las características de suelo y clima de Brasil son ventajas comparativas en el sector forestal. Pero para explotar ese potencial era imprescindible que existieran herramientas adecuadas para el financiamiento, regulación ambiental y capacitación técnica. En este contexto, el BRDE apoya a los proyectos en las diferentes etapas de la cadena de valor, con sistemas de integración pecuaria-floresta o labranza-pecuaria-floresta, además de sistemas agroforestales. Asimismo, la producción de plantíos de florestas para la generación de energía tiene un papel fundamental en los sistemas integrados de producción.

Podemos distinguir los siguientes programas del BRDE: el programa para la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero en la agricultura, que financia hasta por 15 años con un plazo de gracia de ocho años, a una tasa de interés fija de 8 a 8,5% anual. El monto de financiamiento es de hasta US$ 1,5 millones por beneficiario y el porcentaje del financiamiento puede ser de hasta el 100% del valor de los ítems financiables; el programa FCO rural, línea de financiamiento de conservación de la naturaleza y de integración labranza-pecuaria-floresta, que financia hasta por 20 años con un plazo de gracia de 10 años, a una tasa de interés fija de 6,5 a 10% anual. El monto de financiamiento es de hasta US$ 1,5 millones por beneficiario. En el 2015 el BNB creó el Programa Producción y Consumo Sustentables (PCS) para incentivar proyectos con las mejores soluciones posibles para minimizar los costos ambientales y sociales a lo largo de todo el ciclo de vida de los bienes y servicios, permitiendo así el apoyo a las diversas actividades del sector forestal.

Del 2000 al 2015, el BRDE concretó 1 273 operaciones de financiamiento al sector forestal por un valor total de US$ 281 millones, con un monto promedio de los financiamientos de US$ 221 mil. La mayor parte fue para inversiones en el sector forestal, incluyendo las operaciones correspondientes al PCS. Los recursos para los programas provienen del Banco Nacional de Desenvolvimento Econômico e Social (Bndes) y del Fondo Constitucional de Financiamiento del Centro Oeste (FCO).

CFN y las plantaciones comerciales en Ecuador
En Ecuador, la deforestación se ha convertido en una problemática aguda. Para mitigar esta problemática, el Ministerio del Ambiente (MAE) y el Ministerio de Agricultura, Acuacultura y Pesca (Magap) determinaron y zonificaron un total de 2 517 922 ha con vocación forestal para futuras reforestaciones. Asimismo, establecieron parámetros para la implementación del Plan Nacional de Forestación y Reforestación, estableciendo un área potencial a reforestar de 1 599 342 ha, cuya meta es llegar a 220 000 ha en cinco años (2013-2017). Para cumplir con estas metas, ambos ministerios generaron programas especializados. La meta era plantar unas 25 000 ha por año.

A su vez, la Corporación Financiera Nacional (CFN) creó el “Programa de financiamiento a las plantaciones forestales comerciales”, destinado a la inversión forestal comercial sostenible y al manejo de sistemas agroforestales con intereses bajos y plazos acordes al tiempo de corta de la madera. El producto —dirigido a pequeños propietarios de tierra y a empresas con extensiones relativamente grandes— es en un financiamiento de inversión forestal, así como de actividades de transformación forestal y aprovechamiento de subproductos no maderables. El monto mínimo de crédito a otorgar es de US$ 50 000 y un máximo de US$ 2 millones por operación, hasta un total de US$ 10 millones por sujeto de crédito o grupo económico.

Los resultados obtenidos por CFN a septiembre de 2016, indican que las inversiones en las plantaciones forestales fueron de US$ 48,06 millones aprobados, con 47% para productores de 10 a 50 ha y una cobertura financiera de 12 432 ha.

Fondo forestal en México
En la segunda mitad del siglo XX, el modelo de producción forestal mexicano comenzó a dar muestras de agotamiento con el incremento del déficit de la balanza comercial, el mismo que el año 2015 fue de US$ 333,3 millones. Las industrias locales de celulosa y tableros contrachapados han sido desmanteladas y dos tercios del consumo forestal son importados debido a la falta de competitividad del sector. Ante ello, la política de la Comisión Nacional Forestal (Conafor) fue promocionar plantaciones forestales comerciales (PFC). Pero a pesar de haberse destinado recursos para la promoción desde la década de los noventa, los resultados no fueron los esperados.

Las principales dificultades para el desarrollo de plantaciones son el desconocimiento e inexperiencia en el negocio del cultivo de árboles, la falta de material genético de calidad, la ausencia de paquetes tecnológicos y la atomización de la tenencia de la tierra, así que se propuso crear un instrumento financiero que apoyara el incremento de la superficie de PFC, mediante la concesión de crédito con una menor percepción de riesgo. De este modo, en 2011 se creó el Fondo Nacional Forestal (Fonafor) con un capital de US$ 72,8 millones aportados por la Conafor y administrado por los Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA)-Banco de México.

El Fonafor consta de dos fondos: el Fondo de Garantía Líquida (FGL), que aporta 20% del importe de cada crédito como garantía líquida para la recuperación del mismo, y el Fondo de Reserva para Pago de Intereses (FRPI), que garantiza el pago de intereses generados por el crédito. En caso de que el proyecto se siniestre, pierda viabilidad o no se recupere el crédito, el FGL y el FRPI asociados a ese proyecto asumen el carácter de garantía y fuente alterna de pago.

A cinco años de su inicio han atendido 45 proyectos de PFC, con una superficie total de 37 243 hectáreas apoyadas y recursos comprometidos acumulados. A julio de 2016, ascendió a US$ 54 millones. En 2018 se tienen programadas las primeras cosechas de PFC, por lo que se espera liberar el FGL proporcional de los créditos recuperados y los intereses pagados por el Fonafor de aquellas plantaciones.

FND y los proyectos forestales de largo plazo en México
Los proyectos de larga maduración que no generan flujo rápido son excluidos del mercado de crédito o se encuentran con financiamientos con altas tasas de interés y garantías. Esta situación ameritaba la creación de esquemas de financiamiento y garantías que se ajustaran a los activos y a los regímenes de posesión de la tierra. Los proyectos forestales son créditos a largo plazo, por lo cual era necesario un programa que atendiera las características de dichos proyectos. En este contexto, la Financiera Nacional de Desarrollo Agropecuario, Rural, Forestal y Pesquero (FND) creó en 2012 el “Programa de Financiamiento al Sector Forestal”, que ofrece créditos para actividades vinculadas directa o indirectamente a la producción forestal, esquemas de recuperación, explotación y manejo de bosques de manera sustentable.

El programa favorece el uso de los recursos forestales de manera racional, financiando proyectos de propietarios ejidales, comunales, pequeños propietarios que formalicen un convenio de proveeduría de recursos forestales con la iniciativa privada, así como proyectos forestales individuales de pequeños productores rurales. El monto de financiamiento es de hasta el 90% de la inversión total y el plazo es de hasta 20 años con tasas de interés definidas en las políticas de la FND. Por otra parte, cabe indicar que la Conafor y la FND cuentan con tres esquemas de garantías líquidas, que pueden emplearse simultáneamente para apoyar a las empresas forestales en la obtención de los créditos.

Al 2015, el programa de FND tenía colocados US$ 29,9 millones, los cuales se dividen en tres diferentes tipos de créditos: habilitación y avío con US$ 192,8 mil, refaccionario con US$ 1,7 millones y crédito simple con US$ 28 millones.

Posición estratégica del BROU en Uruguay
Uruguay comenzó a identificar oportunidades de crecimiento en el sector forestal en la segunda mitad del siglo XX. La primera ley forestal data del año 1968, y contenía los lineamientos generales para la promoción del sector. En este período se crearon las bases para las primeras exportaciones, pero no se logró potenciar al sector. En 1987 se aprobó la segunda ley forestal —aún vigente en la actualidad—, que declaró 3 574 503 ha del territorio como suelos de prioridad forestal.

En ese marco, en el año 1991 el Banco de la República Oriental del Uruguay (BROU) puso a disposición de los empresarios forestales, asociaciones y cooperativas, una línea de crédito para la financiación de planes de inversión para la plantación de bosques de rendimiento y de protección. En aquel momento, la superficie forestada alcanzaba las 30 000 ha. Una década después llegaba a 800 000 ha. En el 2016 existían 1 840 empresas del sector forestal, de las cuales 92% son micro y pequeños emprendimientos. En los primeros cinco años de vigencia del programa, el banco financió la forestación de 73 000 ha, el 40% del total forestado en el país en dicho período, favoreciendo el desarrollo de las Pyme.

Pasado más de un cuarto de siglo desde la segunda ley forestal, la actividad forestal en su fase primaria ha crecido en forma sostenida, acompañando el dinamismo que mostró la economía nacional, con lo cual su participación en el PBI se ha mantenido estable en 0,5%. También, la fase industrial ha mostrado gran vigor, con un dinamismo mayor al promedio de la economía. En la última década, más que duplicó su participación dentro de la producción industrial, representando hoy casi el 14%. En línea con esta evolución, el sector ha sido también muy relevante en la atracción de inversión extranjera directa, captando más del 70% de la entrada de capitales en la última década.

Su importancia también se refleja en el dinamismo de las exportaciones. En el año 2000 las exportaciones del sector forestal representaban algo más del 5% de las exportaciones totales; en 2015, las exportaciones del complejo forestal crecieron 25%, llegando a casi US$ 1 539 millones, lo que representa el 17% del total exportado por el Uruguay, convirtiéndose en el segundo rubro de exportación del país.


 

NOTA:Este artículo fue publicado en la Revista Banca & Desarrollo
edición enero-marzo 2017.
 
 
 
 
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