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Finanzas para el Desarrollo

Evolución y desempeño de la banca de desarrollo latinoamericana

El 2014 fue un año de crecimiento para la banca de desarrollo debido a la ampliación de su cartera de crédito que llegó a los US$ 972 billones, lo cual representa un incremento de 10.2% respecto al último periodo.

No obstante las dificultades del entorno internacional, el 2014, al igual que en los últimos años, fue otro periodo de crecimiento para la banca de desarrollo, ya que se consolida nuevamente el crecimiento de la cartera, así como el elevado volumen de aprobaciones y de desembolsos de las instituciones financieras de desarrollo de la región en un contexto económico internacional marcado por la desaceleración de la economía China, el cambio de orientación de la política monetaria de los EE.UU., la caída de los precios del petróleo, la combinación de déficit fiscal y comercial, con aumento de la inflación por encima de los rango meta establecidos en varios de los países latinoamericanos.

En efecto, en 2014 los activos totales de las instituciones financieras de desarrollo (IFD) de 19 países llegaron a los US$ 1, 7 billones, cifra que resultó 3.7% mayor al nivel alcanzado el año anterior. Por su parte, la cartera neta en ese mismo periodo llegó a US$ 972 billones, que fueron canalizados a los sectores productivo y social de nuestros países, y en una parte importante como fondos de mediano y largo plazo (63%) respecto a la cartera (no incluye las inversiones en fondos de inversión, fondos de capital e inversiones directas en empresas).

Este aumento en el nivel de activos fue menos marcado respecto al periodo 2009-2011, producto del retiro de recursos en administración (que fueron concedidos por los Estados en el marco de los planes de estímulo económico). En esos años también algunos bancos públicos fueron capitalizados o sus utilidades fueron reinvertidas, sin olvidar la canalización de recursos provenientes de las líneas de financiamiento de los organismos internacionales, y la apreciación cambiaria de las monedas nacionales suscitada en gran parte de los países de la región.

Principales características institucionales
Las IFD son preponderantemente entidades de propiedad pública. En cuanto a la modalidad operativa de actuación se observa que una mayor proporción de IFD está actuando en el primer piso y en menor medida tienen carácter mixto, tendencia que se ha venido afirmando en el último decenio. En 1998, la banca de primer piso representaba el 50%; en 2004, el 65%; y ahora llega al 63%. Por su parte, los bancos de segundo piso representan el 27%, luego de registrar en 2004, el 31%. En términos de activos, los bancos de primer piso y los bancos mixtos representan casi el 91.2%.

Estos resultados muestran que la tendencia a la transformación de los bancos de primer piso en bancos de segundo piso, que tenía su justificación en los menores costos operativos y la mayor cobertura que era posible alcanzar a través de los intermediarios financieros comerciales, se ha revertido e indica que gran parte de las instituciones financieras de carácter público de la región participan directamente en el mecanismo de asignación de créditos. Ello se explica por la preferencia mostrada por los bancos comerciales de colocar sus propios recursos antes que los de la banca de desarrollo, situación que se acrecienta en épocas de crisis, y ha dado lugar a que algunas IFD de segundo piso replanteen su modo de operación, pasando a colocar parte de sus recursos de manera directa, a fin de cumplir con sus programas de financiamiento, y convirtiéndose así en bancos de carácter mixto.

Es el caso de la Corporación Financiera Nacional (CFN), de Ecuador, y del Banco Desarrollo Productivo (BDP), de Bolivia, lo cuales pasaron de operar como bancos de segundo piso a ser bancos mixtos. En el caso de las IFD de primer piso, algunas de ellas han considerado más conveniente canalizar parte de sus recursos crediticios, fundamentalmente los préstamos pequeños, a través de intermediarios financieros no bancarios, tales como: cajas rurales, cajas municipales, cooperativas, uniones de crédito, ONG, o creando entidades de microcrédito, etc. Ejemplo de esto son: el Banco Provincia de Buenos Aires que ha creado una entidad especializada en microfinanzas (Promesa S.A); el Banco Ciudad, que opera como entidad de segundo piso a través de una línea de préstamos para instituciones de microfinanzas; y el Banco de Córdoba, para las ONG que otorgan créditos. Asimismo, en Uruguay, el Banco República creó una entidad especializada en microfinanzas.

Otro aspecto a destacar aquí, son los cambios en la orientación sectorial de la cartera de préstamos de las IFD, predominan más las que tienen una orientación multisectorial 68.8%), producto de la elección de algunos bancos especializados, ya sea por mandato de las políticas de financiamiento nacional o por una decisión estratégica propia de la institución, en diversificar su cartera de créditos hacia diferentes sectores productivos, de tal manera que pueda mitigarse el riesgo asumido por los bancos especializados, al concentrase en un solo sector (véase gráfico N° 2 ). Ejemplo de ello, son el Banco de Desarrollo de El Salvador (BANDESAL); el Banco Agrario y el Banco de Comercio Exterior de Colombia S.A.; la Corporación Financiera Nacional de Ecuador; y el Banco de Desarrollo Productivo de Bolivia.

En lo que respecta al alcance geográfico de las actividades de los bancos de desarrollo, se aprecia como una característica el predominio de las IFD que tienen una cobertura nacional y regional (en estado o regiones del propio país), que en 2013 alcanzó el 91.7% del total de IFD de la región. El restante 8.3% tiene un alcance nacional e internacional, que es una característica en los bancos más grandes que poseen un segmento de banca comercial muy importante y/o están ligados al financiamiento del comercio exterior.

Cartera de crédito
La cartera de préstamos de las IFD a diciembre de 2014, llegó a los US$ 972 billones, que representa un incremento de 10.2% en relación al año anterior, y que es muy superior al avance experimentado en 2012, de 0.6%. Esto pone en evidencia que no solo se enfocaron en cumplir una función anticíclica activa, sino que su accionar continúa con gran dinamismo.

En la cartera de créditos de una muestra de 48 IFD pertenecientes a 18 países de la región se observa que los sectores agropecuario y rural; vivienda, construcción e infraestructura; comercio e industria manufacturera, son los principales receptores del financiamiento. El sector agropecuario y rural (incluye agroindustria y agronegocios) se ha visto favorecido con 25.9% de los préstamos. En segundo orden, el sector de vivienda y construcción con 18.3%, y en menor medida los sectores de comercio con 12.2% e industria manufacturera con 11.2%.

La diversificación sectorial de la cartera de créditos está en consonancia con la orientación preponderantemente multisectorial de las IFD, lo cual coadyuva como mecanismo de mitigación del riesgo crediticio. Por ejemplo, los bancos agropecuarios, además de diversificar por cultivo y regiones, ya no solo se concentran en financiar esta actividad, sino también la vivienda rural, las microfinanzas, el turismo rural, entre otras relacionadas al ámbito rural. De manera muy similar, IFD orientadas a la MYPE están creando mecanismos de financiamiento como las cadenas productivas y de proveedores o productos complementarios como los seguros, con la finalidad de compartir o diluir los riesgos propios de concentrarse en un sector o segmento productivo.

En términos de plazos, la cartera de créditos de las IFD es preponderantemente de mediano y largo plazo, 62% de total. Al evaluar a las instituciones financieras que actúan predominantemente en el “segundo piso”, se aprecia que en 2014, su cartera de mediano y largo plazo fue muy importante, representando 72.8% de la cartera total, mientras que su cartera de créditos a corto plazo fue solo 23.6%. En cambio, la situación es diferente en las IFD de primer piso, pues en ese año, los créditos a corto plazo representaron 40.2% del total de la cartera, mientras que los créditos a mediano y largo plazo equivalen al 57.2%.

El 71% de las IFD registran niveles de morosidad menores al 5%. Las IFD que registran mora superior al 5% son ligeramente consideradas entidades especializadas (principalmente enfocadas en el sector agropecuario e hipotecario), 8 IFD de un total de 13 corresponden a estos sectores. Por modalidad operativa, las IFD que actúan en el primer y segundo piso tienen niveles de morosidad por debajo del promedio general.

El patrimonio neto ascendió a US$ 155 mil millones, 3.6% inferior al año anterior, producto de resultados acumulados de ejercicios anteriores y afectación de la devaluación cambiaria. No obstante, el índice de solvencia de las IFD, permaneció en torno al 27.5% al cierre de 2014, similar al reflejado a los dos años previos, donde supero el 27%.

La rentabilidad a lo largo del tiempo permite fortalecer el rol social y asegurar el crecimiento sostenible de las IFD. Con todo ello, la rentabilidad fue de US$ 17 mil millones, cifra que adquiere una especial relevancia si se tiene en cuenta la larga duración del adverso entorno económico en el que se generó. Este importe sitúa tanto el ROE como el ROA en niveles de 14.6% y 2.3%, respectivamente.

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