32ª. REUNIÓN ORDINARIA DE LA ASAMBLEA GENERAL DE LA ASOCIACIÓN LATINOAMERICANA DE INSTITUCIONES FINANCIERAS PARA EL DESARROLLO

Santiago, Chile, 16 y 17 de mayo de 2002

LA DINÁMICA DE LAS PEQUEÑAS Y MEDIANAS EMPRESAS INDUSTRIALES
EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE
 

Wilson Peres y Giovanni Stumpo *  
División de Desarrollo Productivo y Empresarial
Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)

 

1.1     INTRODUCCION

Las pequeñas y medianas empresas industriales (PYME) ocupan un lugar destacado en el debate sobre política económica en los países de América Latina y el Caribe. Mientras en los círculos académicos son frecuentes las propuestas que enfatizan su importancia para el desarrollo económico, los gobiernos de la región indefectiblemente las consideran como uno de los motores del crecimiento y todos los países cuentan con algún tipo de instrumento para apoyarlas. Sin embargo, en la práctica la situación es muy diferente. El apoyo a las PYME es más nominal que real y gran parte del discurso oficial no se ve respaldado por acciones que cuenten con los fondos y recursos humanos suficientes como para producir un impacto sobre el desempeño de las empresas.

Esto es particularmente grave en el contexto de los desafíos y oportunidades que se han abierto para las PYME desde la segunda mitad de los años ochenta en el nuevo modelo económico.[1] Las reformas mediante las cuales se implementó ese nuevo modelo estaban orientadas a introducir una economía de libre mercado y consistieron fundamentalmente en la eliminación del proteccionismo en el comercio exterior, la liberalización del sistema financiero nacional y de cuentas de capital, la simplificación de la estructura de impuestos, la privatización de las empresas del estado y la creciente flexibilidad del mercado ocupacional (BID, 1997; Stallings y Peres, 2000). El marco analítico para las reformas se construyó en torno a una perspectiva de largo plazo basada en un enfoque del desarrollo económico proclive al mercado (Banco Mundial, 1991) en el cual el sector privado jugaría el papel de líder del proceso.

En el contexto de las reformas económicas, el tamaño (micro, pequeña, mediana o gran empresa) y la propiedad (nacional o extranjera) de las empresas no se consideraban como variables relevantes; esto contrastaba fuertemente con la perspectiva de que toda propiedad pública de los bienes de producción conducía a ineficiencia. Los documentos de política pública que promovían o implementaban las reformas generalmente no explicitaban el tipo de agentes privados que conduciría la economía y tampoco consideraban la dinámica de la participación de cada tipo de empresa en la actividad económica en general y en la industria manufacturera en particular.

A pesar de ello, implícitamente se esperaba que las PYME jugaran un papel significativo en el nuevo modelo económico. En primer lugar, porque el modelo anterior, proteccionista y conducido por el estado había favorecido a las grandes empresas nacionales y extranjeras que ahora tendrían que operar bajo condiciones competitivas que reducían sus ventajas con respecto a las pequeñas empresas. En segundo lugar, porque se esperaba que la sustitución de un modelo orientado hacia el interior por uno orientado al exterior y liderado por las exportaciones favorecería las ventajas comparativas que tenía la región en mano de obra (Balassa y otros, 1986;[2] Krueger, 1983), lo cual aumentaría el peso relativo de las empresas más pequeñas que hacen un uso más intensivo de este factor de producción.

En contraposición con esta visión optimista del futuro de las PYME en el nuevo modelo económico, otros enfoques hacían resaltar los problemas que enfrentaría el sector debido a su debilidad para resistir la competencia de los productos importados, el escaso apoyo que recibían de las políticas públicas y las inequitativas condiciones bajo las que accedían a los mercados de factores productivos. La presión de la liberalización del comercio resultaría particularmente nociva en períodos de sobrevaloración del tipo de cambio, como en efecto sucedió en la mayoría de los países de la región en la década de 1990 (Ffrench-Davis, 1999; Katz, 2000).

Gran parte del debate sobre la situación y desempeño de las PYME en el nuevo modelo económico se basa únicamente en argumentos teóricos sobre su capacidad relativa para hacer frente a la competencia de las importaciones y en evidencias puntuales, tanto de empresas individuales como de países específicos. Existe escasa evidencia empírica a nivel comparativo regional. Además, al analizar la literatura sobre la materia, los autores de este estudio solamente han podido encontrar un trabajo reciente que presenta una visión general de lo que ha ocurrido a las PYME en diversos países de la región con posterioridad a las reformas (Lloréns y otros, 1999) y, aún en este caso, recién se están iniciando los esfuerzos para organizar la información de manera que sea posible desarrollar análisis comparativos.[3]

En este marco, el objetivo del presente capítulo es describir y sugerir elementos para explicar el desempeño reciente de las PYME en catorce países de la región[4] en relación con la producción, el empleo y la productividad. Aunque idealmente el análisis del desarrollo de estas empresas debería cubrir períodos con características similares en los diferentes países, la información sobre la organización industrial de las PYME es extremadamente escasa excepto en unos pocos países; esto ha llevado a que en el estudio se utilice información sobre puntos en el tiempo predeterminados por los datos disponibles. A pesar de ello, por lo general ha sido posible comparar un punto a mediados de los años ochenta (“antes de las reformas”) con un punto a mediados de los años noventa (“después de las reformas”).[5] Aceptando estas limitaciones, el capítulo se basa en un banco de datos y de información sobre políticas de apoyo a las PYME desarrollado a partir de los resultados del proyecto regional “Pequeñas y medianas empresas industriales y competitividad internacional” conducido por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) de las Naciones Unidas que se inició a mediados de 1998,[6] cuyos resultados detallados se plantean en los capítulos de alcance nacional que componen el presente volumen.

Este capítulo se divide en seis secciones. Luego de la introducción, la segunda sección presenta la situación de las PYME en la industria manufacturera de América Latina y el Caribe en la década de 1990. La información está organizada en una tipología de países sobre la base de la estructura sectorial de producción de las PYME la cual se encuentra estrechamente relacionada con el tamaño de las diferentes economías. La tercera sección estudia el desempeño de esas empresas en materia de producción, empleo y productividad y en comparación con las grandes empresas. En la cuarta, se reseñan los principales instrumentos de política de apoyo a ese tipo de empresa vigentes en los países objeto de estudio. En la quinta sección, se identifican los factores que han determinado su desempeño y en la sexta se presentan las conclusiones.

1.2     LAS PYME EN LA INDUSTRIA MANUFACTURERA

Como se mencionó anteriormente, la información disponible sobre las PYME en los países de la región no permite el desarrollo de estudios comparativos precisos. No sólo los períodos son diferentes sino que las definiciones de las PYME y la desagregación de los datos varían de un país a otro, incluyendo y excluyendo diferentes rangos de tamaño. Todos estos problemas se presentan en la información contenida en el cuadro 1 que incluye, además de 12 de los 14 países objeto de este estudio —los países faltantes son Barbados y Santa Lucia—, otros tres países con fines comparativos.[7]

A pesar de estas limitaciones, el cuadro muestra tres puntos importantes. Primero, las PYME no constituyen un actor marginal en la estructura industrial sino que son un actor relevante, particularmente en materia de empleo. Los valores relativamente reducidos de esta variable en tres países (Bolivia, Nicaragua y Costa Rica) se explican porque no se incluyen las empresas medianas en los dos primeros y las pequeñas empresas en el tercero. En segundo lugar, en contra de las expectativas, las PYME no siempre tienen una mayor presencia relativa en la estructura industrial de los países más pequeños, especialmente en relación a su participación en la producción o las ventas. Las indivisibilidades y el gran tamaño mínimo eficiente de plantas explican que, aun en los países más pequeños, las grandes empresas tienen que producir bienes de consumo tales como cerveza, cemento, y vidrio plano, los cuales, por lo tanto, darían cuenta de una participación relativamente importante en la producción total. En tercer lugar, como era de esperar, su participación en el empleo es mayor que su participación en la producción, indicando niveles de productividad menores en comparación con las grandes empresas, lo que se analizará más adelante.

CUADRO 1
PARTICIPACION DE LAS PYME EN EL SECTOR MANUFACTURERO
(porcentajes)

País, año y tamaño de empresa*

Empleo

Producción

Argentina 1993 a, b

44.6

35.9

6-100

 

 

Bolivia 1994 b

26.1

17.6

5-15 15-49

 

 

Brasil 1997 a

66.8 3

60.8 3

20-99 100-499

 

 

Chile 1996

52.7

37.1

10-49 50-199

 

 

Colombia 1996

52.5

33.3

1-49 50-199

 

 

Costa Rica 1997 a, b

13.2

12.6

31-100

 

 

Ecuador 1996

37.7

19.4

10-49 50-99

 

 

El Salvador 1993 b

17.6

14.8

21-50 51-100

 

 

México 1993

44.6 4

31.1

16-100 101-250

 

 

Nicaragua 1994 b

11.7

11.2

4-30

 

 

Paraguay 1997 b

41.0

31.0

6-20 21-100

 

 

Perú 1994 b

52.5

36.1

11-20 21-200

 

 

Trinidad y Tobago 1996 b

57.0

22.6

6-100

 

 

Uruguay 1995

57.9

39.7

5-99

 

 

Venezuela 1995

39.5

13.8

5-20 21-100

 

 

Fuente: Base de datos sobre las PYME industriales, Unidad de Desarrollo Industrial y Tecnológico, División de Desarrollo Productivo y Empresarial, CEPAL.
* El tamaño de las empresas está definido de acuerdo con el empleo. Cuando se presenta un solo rango de tamaño, éste corresponde a pequeñas y medianas empresas. Cuando se presentan dos rangos, el primero corresponde a pequeñas empresas y el segundo a empresas medianas.
a
La información sobre producción se refiere a ventas totales.
b
El empleo manufacturero total y el valor agregado incluye a las microempresas.
c
Las pequeñas empresas (entre 20 y 99 trabajadores) dan cuenta del 29.5% del empleo y del 20.9% de la producción.
4.
De acuerdo a datos preliminares del censo de 1998, la participación de las PYME en el empleo fue de 39.9%.

El cuadro 2 presenta información sobre la producción de las PYME según tipo de actividad industrial. A partir de estos datos es posible identificar tres grupos de países en función de la relación existente entre el tamaño de sus economías y la estructura productiva de esas empresas. El primer grupo está constituido por los países de mayor tamaño y con estructuras industriales más desarrolladas (Argentina, Brasil y México[8]). En esos países, en la estructura productiva de las PYME productos alimenticios, ropa y textiles, productos químicos y plásticos y maquinaria y equipo tienen un peso importante.[9] El elemento distintivo de los países grandes es el peso relativamente alto de maquinaria y equipo en la producción total de las PYME.

CUADRO 2
ESTRUCTURA DE LA PRODUCCIÓN INDUSTRIAL DE LAS PYME
EN ARGENTINA, BRASIL Y MÉXICO
(porcentajes)

 

ARGENTINA
1993

BRASIL
1994

MEXICO
1993

Alimentos

16.1

17.0

16.4

Bebidas

5.8

1.7

4.7

Tabaco

0.2

0.3

0.0

Textiles

6.6

7.2

6.4

Ropa

3.7

2.7

4.6

Cuero

1.2

1.8

0.8

Calzado

1.6

1.8

2.0

Madera y productos de madera

2.0

1.5

1.5

Muebles

2.2

2.6

2.7

Papel

3.5

4.3

3.1

Imprentas

4.7

2.5

5.3

Productos químicos

13.9

18.9

16.2

Productos plásticos

5.3

4.7

5.3

Materiales de construcción

3.7

4.2

6.6

Hierro y acero

2.5

 

2.3

Productos de metal

7.1

9.4 a

8.0

Maquinaria no eléctrica

6.7

7.0

4.3

Maquinaria eléctrica

6.0

5.8

4.8

Autos y autopartes

4.5

3.5

2.9

Otros equipos de transporte

0.9

 

0.3

Instrumentos científicos

1.1

1.3

0.5

Otros

1.0

1.7

1.2

Total

100.0

100.0

100.0

Fuente: Base de datos sobre las PYME industriales, Unidad de Desarrollo Industrial y Tecnológico, División de Desarrollo Productivo y Empresarial, CEPAL.
a
Incluye hierro y acero.

En cuanto a los países de tamaño medio (Chile,[10] Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela), el cuadro 3 muestra el peso predominante de las industrias alimenticias y químicas y, a diferencia del grupo anterior, se observa una presencia muy escasa de maquinaria y equipo. Continuando con la tendencia a una reducción del peso de estos dos últimos ítems a medida que disminuye el tamaño del país, el cuadro 4 muestra la presencia abrumadora de la industria de alimentos en la producción industrial de las PYME en los países más pequeños (Costa Rica,[11] Nicaragua y Uruguay).

CUADRO 3
ESTRUCTURA DE LA PRODUCCIÓN INDUSTRIAL DE LAS PYME
EN CHILE, COLOMBIA, ECUADOR, PERÚ Y VENEZUELA
(porcentajes)

 

CHILE
1996

COLOMBIA
1996

ECUADOR
1996

PERU
1994

VENEZUELA
1995

Alimentos

22.1

19.9

30.6 a

20.0

19.1

Bebidas

2.1

4.0

 

4.2

2.1

Tabaco

0.0

0.0

 

0.1

0.1

Textiles

5.6

4.5

7.4

8.0

2.6

Ropa

4.4

5.5

2.9

2.0

5.5

Cuero

0.6

1.1

1.9 b

0.8

0.9

Calzado

1.4

1.2

 

0.6

3.4

Madera y productos de madera

11.2

1.5

2.2

1.3

1.7

Muebles

1.7

1.2

 

0.9

3.1

Papel

1.3

6.4

4.8

2.3

1.9

Imprentas

4.5

2.6

3.0

5.3

5.8

Productos químicos

12.5

16.9

18.1

21.6

12.9

Productos plásticos

5.1

7.4

6.8

5.8

6.8

Materiales de construcción

5.3

5.8

4.4

3.9

6.5

Hierro y acero

4.1

2.2

1.7

4.2

6.3

Productos de metal

8.3

7.5

4.4

5.9

8.0

Maquinaria no eléctrica

4.2

3.5

0.9

3.3

4.9

Maquinaria eléctrica

1.4

2.7

5.3

3.3

3.2

Equipo de transporte

1.6

3.6

1.0

2.9

3.0

Instrumentos científicos

0.4

0.6

0.1

1.4

0.8

Otros

2.1

1.8

4.4 c

2.2

1.4

Fuente: Base de datos sobre las PYME industriales, Unidad de Desarrollo Industrial y Tecnológico, División de Desarrollo Productivo y Empresarial, CEPAL.
a Incluye bebidas.
b Incluye calzado.
c Incluye madera y muebles de metal.

Además de la diferencia entre los grupos de países, de estos cuadros surgen algunos elementos nuevos. Las industrias de alimentos y productos químicos son importantes en la producción de las PYME en todos los países, mientras que algunos de los sectores industriales generalmente asociados con las empresas de este tamaño (producción de ropa y calzado) no tienen mucha importancia en su estructura productiva. Los productos de cuero y del calzado son irrelevantes en la estructura de producción de las PYME en todos los países, excepto en Nicaragua. La producción de ropa tiene un peso menor que la producción textil, sin llegar ni siquiera al 10% de la producción de las PYME en ningún país, aunque se carece de información que permita indicar si esta situación ha sido constante a largo plazo.

CUADRO 4
ESTRUCTURA DE PRODUCCIÓN DE LAS PYME
EN COSTA RICA, NICARAGUA Y URUGUAY
(porcentajes)

 

COSTA RICA
1997

NICARAGUA
1994

URUGUAY
1995

Alimentos

32.2

25.9

30.6

Bebidas

16.5

2.3

6.1

Tabaco

0.0

0.0

0.0

Textiles

0.0

0.3

5.8

Ropa

1.2

7.1

5.7

Cuero

0.0

1.5

0.5

Calzado

1.3

7.2

1.0

Madera y productos de madera

0.3

4.0

1.0

Muebles

2.5

8.2

1.3

Papel

4.1

1.3

1.1

Imprentas

0.8

5.5

4.8

Productos

24.7

9.1

17.1

Productos plásticos

0.0

1.3

4.6

Materiales de construcción

2.5

8.7

3.6

Hierro y acero

0.0

0.7

2.4

Productos de metal

0.4

13.2

5.9

Maquinaria no eléctrica

0.2

0.4

2.0

Maquinaria eléctrica

8.3

0.7

2.8

Equipo de transporte

0.3

0.0

1.3

Instrumentos científicos

0.2

0.0

1.0

Otros

4.3

2.7

1.4

Fuente: Base de datos sobre las PYME industriales, Unidad de Desarrollo Industrial y Tecnológico, División de Desarrollo Productivo y Empresarial, CEPAL.

La concentración de la producción de las PYME en productos alimenticios indica una especialización en sectores con uso intensivo de mano de obra, basados en ventajas comparativas naturales y con pequeñas economías de escala. Estas actividades de las PYME están fuertemente orientadas hacia el mercado nacional, lo que se hace evidente al observar los reducidos valores de sus exportaciones en los estudios nacionales presentados en los restantes capítulos de este libro. Este es también el caso de la producción de maquinaria y equipos por parte de las PYME en los países más grandes de la región.[12]

Algunos de los resultados que se presentan más adelante en este capítulo dependen en gran medida de este modelo de especialización de las PYME. Si éstas no están especializadas en los sectores de la ropa y del calzado, las conclusiones derivadas de la percepción de una fuerte competencia de la importación de estos productos después de la liberalización del comercio no reflejan adecuadamente la dinámica de un tipo de empresa que concentra su producción en otros sectores. Más aún, dado que las PYME están especializadas en artículos alimenticios y químicos, la dinámica de la demanda interna constituiría un factor determinante del desempeño de las PYME mucho más importante.

1.3     EL DESEMPEÑO DE LAS PYME

1.3.1     Producción, empleo y productividad

En esta sección se presentan cuatro cuadros para evaluar el impacto de las reformas económicas sobre las PYME. El cuadro 5 muestra las tasas de cambio en la producción, el empleo y la productividad promedio de la mano de obra en este tipo de empresa a nivel de país en períodos comprendidos entre una fecha anterior y una posterior a las reformas, con la excepción de Chile, para el cual se consideran dos períodos especiales como se señaló anteriormente.

El cuadro 6 muestra los cambios en la producción de las PYME por país, distinguiéndose cuatro situaciones: a) países en los cuales la producción aumenta al mismo tiempo que crece su participación en la producción industrial total (celda noroeste); b) países cuya producción aumenta pero su participación en el total disminuye o se mantiene constante (celda noreste); c) países cuya producción decrece y su participación a nivel del país aumenta (celda suroeste); y d) países cuya producción disminuye y su participación decrece o se mantiene constante (celda sureste). El cuadro 7 presenta una distribución similar de la información con respecto a las tendencias en la productividad promedio de la mano de obra y el empleo de las PYME.

Finalmente, en el cuadro 8 se identifican las actividades industriales que aumentan o disminuyen su participación en la producción agregada de las PYME por país, lo cual constituye un indicador de la dirección en la cual esa participación está cambiando. Los cambios relativamente poco frecuentes o excepcionales se indican en cursiva. Sobre la base de estos cuadros, se pueden plantear las conclusiones que se detallan a continuación.

CUADRO 5
TASAS DE CAMBIO EN LA PRODUCCIÓN, EL EMPLEO Y LA
PRODUCTIVIDAD DE LA MANO DE OBRA DE LAS PYME
(Tasas acumuladas en porcentajes)

Países

Producción

Empleo

Productividad de la mano de obra

Argentina 1984-94

47.7

-24.4

95.3

Brasil 1985-97

11.4

-14.2

29.8

Chile 1981-90

-14.7

-7.4

-7.9

Chile 1990-96

55.6

34.2

16.0

Colombia 1991-96

16.2

11.2

4.5

Costa Rica 1990-96

22.6

-20.7

54.6

Ecuador 1991-96

8.7

-6.8

16.7

México 1988-93

48.6

17.1

26.9

Perú 1992-94

16.8

8.2

7.9

Uruguay 1988-95

2.5

-24.9

36.5

Venezuela 1990-95

-5.2

-1.8

-4.1

Fuente: Base de datos sobre las PYME industriales, Unidad de Desarrollo Industrial y Tecnológico, División de Desarrollo Productivo y Empresarial, CEPAL.

CUADRO 6
CAMBIOS EN LA PRODUCCION DE LAS PYME Y EN SU PARTICIPACION
 EN LA PRODUCCON INDUSTRIAL TOTAL, POR PAÍS

 

Participación creciente de las PYME en la producción industrial

Participación decreciente o constante de las PYME en la producción industrial

Incremento de la producción

de las PYME

Argentina
Chile (1990-96)
México

Brasil
Costa Rica
Colombia
Ecuador
Perú

Producción decreciente o constante de las PYME

Uruguay
Venezuela

Chile (1981-90)

Fuente: Base de datos sobre las PYME industriales, Unidad de Desarrollo Industrial y Tecnológico, División de Desarrollo Productivo y Empresarial, CEPAL.

CUADRO 7
CAMBIOS EN LA PRODUCTIVIDAD DE LA MANO DE OBRA DE LAS PYME
Y EN EL EMPLEO, POR PAÍS

 

Aumento en el empleo

Disminución en el empleo

Promedio creciente de la productividad de la mano de obra

Chile (1990-96)
Colombia
México
Perú

Argentina
Brasil
Costa Rica
Ecuador
Uruguay

Promedio decreciente de la productividad de la mano de obra

 

Chile (1981-90)
Venezuela

Fuente: Base de datos sobre las PYME industriales, Unidad de Desarrollo Industrial y Tecnológico, División de Desarrollo Productivo y Empresarial, CEPAL.

CUADRO 8
SECTORES GANADORES Y PERDEDORES EN LA PRODUCCION DE LAS PYME

Países

Sectores ganadores *

Sectores perdedores *

Argentina

Bebidas no alcohólicas, medicinas, pinturas, hierro y acero, maquinaria de uso general

Textiles, ropa, aserraderos, cerámica.

Brasil

Calzado, muebles, imprentas, productos plásticos.

Alimentos, ropa, productos químicos.

Chile (1981-90)

Productos químicos.

Alimentos, aserraderos, medicinas, productos de metal.

Chile (1990-96)

Aserraderos, medicinas, materiales de construcción, productos de metal.

Textiles, productos químicos, refinería del cobre, hierro y acero.

Colombia

Alimentos, productos plásticos, productos de metal.

Bebidas, medicinas, maquinaria eléctrica.

Costa Rica

Alimentos, bebidas, medicinas, materiales de construcción.

Aserraderos, productos químicos, productos de metal.

Ecuador

Papel, productos químicos, medicinas, maquinaria y aparatos eléctricos.

Alimentos, ropa, hierro y acero, productos de metal.

México

Bebidas, ropa, muebles, imprentas, materiales de construcción.

Alimentos, textiles, productos químicos, maquinaria no eléctrica.

Perú

Imprentas, medicinas, productos plásticos, hierro y acero.

Alimentos, textiles.

Uruguay

Alimentos, bebidas, imprentas, hierro y acero.

Textiles, calzado, cuero, repuestos de automóviles.

Venezuela

Alimentos, imprentas, materiales, de construcción, hierro y acero.

Bebidas, medicinas, productos de metal.

Fuente: Base de datos sobre las PYME industriales, Unidad de Desarrollo Industrial y Tecnológico, División de Desarrollo Productivo y Empresarial, CEPAL.
* Los sectores ganadores (perdedores) son los que aumentan (disminuyen) su participación en la producción total de las PYME.

Las PYME no constituyen un agente económico estancado en el período posterior a las reformas económicas (véase el cuadro 6). Estas empresas aumentaron su participación en la producción industrial total en cinco países (Argentina, Chile 1990-96, México, Uruguay y Venezuela), mientras que en otros cinco (Brasil, Costa Rica, Colombia, Ecuador y Perú), a pesar de perder participación, aumentaron su producción total. Aun cuando éste no es el cuadro de un agente económico ganador en el proceso, tampoco se trata de un perdedor.

Las tasas de crecimiento de la producción de las PYME cambian considerablemente de un país a otro (véase el cuadro 5), variando desde países en que estas empresas son muy dinámicas (Argentina, México y Chile 1990-96) a países en que su tasa de crecimiento es muy baja e incluso negativa, como fue el caso de Venezuela.

Con respecto al empleo, el cuadro 5 muestra distintos comportamientos entre los países; sin embargo, el número de países con una acentuada reducción del empleo en las PYME es mucho mayor que el número de aquellos en que la producción de las PYME estuvo estancada o mostró una caída.

Al asociar los cambios en la producción y en el empleo con la dinámica de la productividad de la mano de obra, se observa que las PYME no tuvieron un mal desempeño con respecto a la incorporación del cambio tecnológico. El índice de la productividad de la mano de obra cayó solamente en Venezuela (véase el cuadro 7), aunque en Chile ocurrió algo similar en 1981-1990. Sin embargo, en varios de los países en los que la productividad de las PYME creció, este incremento tuvo lugar junto con una reducción en el empleo (Argentina, Brasil, Costa Rica, Ecuador y Uruguay).

En el período estudiado, se produjo un cambio en la especialización de las PYME a nivel sectorial, lo que se hace evidente al observar que la mayoría de los sectores manufactureros varió su participación en el total de la producción industrial de las PYME (véase el cuadro 8). En algunos casos la producción de las PYME se orientó a productos tecnológicamente más avanzados que el promedio del país (maquinaria en Argentina, papel y equipo eléctrico básico en Ecuador). Actividades tales como textiles y ropa muestran por lo general un rendimiento deficiente.

1.3.2     Desempeño relativo al de las grandes empresas

La información que se presenta en el cuadro 6 identifica los países en que las PYME ganaron o perdieron participación en la producción industrial total, lo que muestra indirectamente su desempeño en relación con las grandes empresas.[13] En esta sección se estudia el comportamiento relativo de las PYME respecto a un conjunto más amplio de variables: nivel y estructura de la producción, del empleo y de la productividad relativa a la de las grandes empresas. Los datos correspondientes a años previos y posteriores a las reformas económicas se observan en el cuadro 9.

Las grandes empresas tuvieron un mejor rendimiento que las PYME en materia de producción y productividad en Brasil, Costa Rica, Ecuador y Perú, a pesar que en estos países las PYME no presentaron un mal resultado ya que crecieron en ambas variables. Por el contrario, las grandes empresas registraron un desempeño más deficiente que las PYME en Argentina, México,[14] Uruguay y Venezuela. En este caso, existen dos situaciones diferentes. Mientras que en los primeros dos países, las PYME muestran importantes progresos en el período estudiado, en los últimos dos tuvieron un desempeño relativamente mejor en el marco de un decrecimiento general del producto y del empleo en el sector industrial.

CUADRO 9
DESEMPEÑO RELATIVO DE LAS PYME Y LAS GRANDES EMPRESAS
(porcentajes)

 

Grandes empresas

PYME

ARGENTINA

1984

1993

1984

1993

Producción (índice)

100.0

104.1

100.0

147.7

Producción (estructura)

67.4

59.0

28.9

35.9

Empleo (índice)

100.0

68.4

100.0

75.6

Empleo (estructura)

44.2

41.5

43.0

44.6

Productividad (índice)

100.0

152.2

100.0

195.3

Productividad relativa

 

 

43.9

56.6

BRASIL

1985

1997

1985

1997

Producción (índice)

100.0

138.0

100.0

111.4

Producción (estructura)

34.2

39.2

65.8

60.8

Empleo (índice)

100.0

118.0

100.0

85.8

Empleo (estructura)

26.6

33.2

73.4

66.8

Productividad (índice)

100.0

116.9

100.0

129.8

Productividad relativa

 

 

61.1

77.2

CHILE

1990

1996

1990

1996

Producción (índice)

100.0

139.9

100.0

155.6

Producción (estructura)

91.2

90.3

8.8

9.7

Empleo (índice)

100.0

112.3

100.0

134.2

Empleo (estructura)

80.9

77.9

19.1

22.1

Productividad (índice)

100.0

124.5

100.0

116.0

Productividad relativa

 

 

40.9

37.6

COLOMBIA

1991

1996

1991

1996

Producción (índice)

100.0

115.2

100.0

116.2

Producción (estructura)

66.9

66.7

33.1

33.3

Empleo (índice)

100.0

102.9

100.0

111.2

Empleo (estructura)

49.4

47.5

50.6

52.5

Productividad (índice)

100.0

111.9

100.0

104.5

Productividad relativa

 

 

48.2

45.2

COSTA RICA

1990

1996

1990

1996

Producción (índice)

100.0

124.8

100.0

122.6

Producción (estructura)

87.2

87.4

12.8

12.6

Empleo (índice)

100.0

115.6

100.0

79.3

Empleo (estructura)

81.9

86.8

18.1

13.2

Productividad (índice)

100.0

107.9

100.0

154.6

Productividad relativa

 

 

62.8

73.0

ECUADOR

1991

1996

1991

1996

Producción (índice)

100.0

119.3

100.0

108.7

Producción (estructura)

79.1

80.6

20.9

19.4

Empleo (índice)

100.0

93.0

100.0

93.2

Empleo (estructura)

62.4

62.3

37.6

37.7

Productividad (índice)

100.0

128.3

100.0

116.7

Productividad

 

 

43.8

39.8

MEXICO

1988

1993

1988

1993

Producción (índice)

100.0

114.5

100.0

148.6

Producción (estructura)

74.2

68.9

25.8

31.1

Empleo (índice)

100.0

105.1

100.0

117.1

Empleo (estructura)

58.0

55.4

42.0

44.6

Productividad (índice)

100.0

108.9

100.0

126.9

Productividad relativa

 

 

48.2

56.1

PERU

1992

1994

1992

1994

Producción (índice)

100.0

128.3

100.0

116.8

Producción (estructura)

52.0

55.0

37.5

36.1

Empleo (índice)

100.0

88.1

100.0

108.2

Empleo (estructura)

26.0

22.0

50.2

52.5

Productividad (índice)

100.0

145.6

100.0

107.9

Productividad relativa

 

 

32.7

25.4

URUGUAY

1988

1995

1988

1995

Producción (índice)

100.0

85.2

100.0

102.5

Producción (estructure)

64.6

60.3

35.4

39.7

Empleo (índice)

100.0

57.0

100.0

75.1

Empleo (estructura)

48.9

42.1

51.1

57.9

Productividad (índice)

100.0

149.7

100.0

136.5

Productividad relativa

 

 

52.6

47.8

VENEZUELA

1990

1995

1990

1995

Producción (índice)

100.0

77.4

100.0

94.8

Producción (estructura)

88.4

86.2

11.6

13.8

Empleo (índice)

100.0

92.2

100.0

98.2

Empleo (estructura)

62.1

60.5

37.9

39.5

Productividad (índice)

100.0

84.0

100.0

95.9

Productividad relativa

 

 

21.5

24.5

Fuente: Base de datos sobre las PYME industriales, Unidad de Desarrollo Industrial y Tecnológico, División de Desarrollo Productivo y Empresarial, CEPAL.

La brecha de productividad entre las grandes empresas y las PYME se define como 1 menos la productividad relativa de las PYME respecto a las grandes empresas. En el cuadro 10 se presenta información para 10 países ordenados en función del crecimiento o disminución de esta brecha durante el período estudiado, cruzando esta información con el nivel de productividad relativa en el año final para el cual se dispone de información. El análisis de los datos de los cuadros 9 y 10 conduce a los siguientes resultados.

CUADRO 10
CAMBIOS EN LA BRECHA DE PRODUCTIVIDAD ENTRE LAS PYME Y LAS GRANDES EMPRESAS

 

Productividad relativa por sobre el 45% en el año final a

Productividad relativa por debajo del 45% en el

año final a

La brecha de productividad disminuye

Argentina
Brasil
Costa Rica
México

Chile (1981-90)
Venezuela

La brecha de productividad no disminuye

Ecuador
Colombia
Uruguay

Chile (1990-96)
Perú

Fuente: Base de datos sobre las PYME industriales, Unidad de Desarrollo Industrial y Tecnológico, División de Desarrollo Productivo y Empresarial, CEPAL.
a Año final definido de acuerdo con el cuadro 9.

La brecha de productividad entre las empresas de diferente tamaño es bastante grande. Con las excepciones de Brasil (donde las empresas medianas son muy grandes respecto al promedio de los otros países de la región) y Costa Rica (donde la información no incluye empresas pequeñas), la brecha nunca es menor de 40% y en algunos casos excede el 75%, lo cual es grave ya que la información no incluye las microempresas que probablemente presentan una brecha aún mayor.

Sin embargo, no puede decirse que las PYME son siempre perdedoras en los cambios de la productividad en relación con las grandes empresas. La brecha decrece en cuatro países y en Chile (1981-1990), aunque disminuye en forma significativa solamente en Argentina y México. Para realzar la conclusión anterior, debe señalarse que la participación de las grandes empresas no aumenta en todos los países (véase el cuadro 9) y la brecha de productividad no cambia siempre a su favor, como se declara con frecuencia en distintos análisis sobre el tema.

1.4     LAS POLÍTICAS DE APOYO

Los restantes capítulos de este libro, en los que presentan los casos nacionales, muestran en detalle el complejo panorama que caracteriza a las políticas de apoyo a la PYME que se diseñaron en los países de la región en la década de 1990. Pese a las diversidades nacionales, algunas características son comunes a gran parte de los países; entre ellas destacan las relativas al contexto en que operan esas políticas, la dinámica que las mismas han experimentado e incluso su contenido substantivo. Las principales diferencias se encuentran en los montos absolutos de recursos humanos y financieros que los países asignan a esos fines y en la capacidades de las diversas instituciones encargadas de diseñar e implementar las políticas y la intensidad de la coordinación entre las mismas.

El contexto en el que se han diseñado las políticas ha estado dominado por los procesos de reformas estructurales mencionados en la introducción de este capítulo. La casi total confianza en los mecanismos de mercado y la marcada reducción de la intervención estatal han sido acompañadas de una visión en la cual las políticas de apoyo a las PYME se ubican en una posición subordinada respecto a los objetivos de la política macroeconómica e incluso de las políticas de competitividad, en los casos en que estas últimas están presentes en la agenda pública. El tipo y la dinámica de la subordinación respecto a cada una de esas políticas son diferentes. Mientras que la situación de dependencia respecto a la política macroeconómica parecería ser parte de la esencia del nuevo modelo económico; la relación con las políticas de competitividad ha evolucionado a lo largo de los años noventa. De una posición a comienzos de la década, en la que la política de apoyo a la PYME era una más de las políticas reconocidas como válidas en el apoyo a la competitividad,[15] se ha evolucionado a una situación en la que parecería que la atención a las PYME tiende a absorber todo el contenido de las políticas de competitividad.

Esta evolución ha sido fruto de las dificultades para implementar las políticas de competitividad y, fundamentalmente, de la capacidad que se le asigna a las PYME para paliar algunos efectos negativos del nuevo modelo económico, en particular la lenta generación de empleos formales. En este campo, dado el peso de las empresas más pequeñas en la generación de nuevos puestos de trabajo en la región (Stallings y Peres, 2000), las políticas de apoyo han tendido a dejar de lado a las empresas medianas, para concentrarse en las empresas pequeñas y, crecientemente, en las microempresas. Esta especialización es justificable en términos de eficiencia y por razones de impacto social, pero no debe ocultar que dentro del universo de empresas medianas existen amplios núcleos cuyas condiciones competitivas son aún débiles.

Consistentemente con la posición relativa de la política de apoyo a las PYME, las instituciones que las diseñan, pese a las fuertes diferencias que presentan entre los países en consideración, tienen en común su poco peso en las estructuras gubernamentales y una significativa carencia de instrumentos de política poderosos. Si bien a lo largo de la década de 1990 se presenciaron cambios institucionales que elevaron a rango ministerial o de viceministerio a entidades de fomento a esas empresas en diversos países, la nueva ubicación en el organigrama gubernamental no ha significado más poder de ejecución, como se desprende de los estudios nacionales incluidos en este libro.

La debilidad de las instituciones rectoras en materia de políticas de PYME explica en buena parte la mala calidad de la información disponible en los países. Esta realidad, que difícilmente se puede exagerar, ha llevado a que las políticas vigentes han debido ser diseñadas sobre la base de información parcial, esporádica y que incluso no tiene en cuenta las propias definiciones que los organismos a cargo del fomento a las PYME han adoptado para guiar sus acciones. Las dificultades para elaborar, así como las limitaciones para interpretar, los cuadros estadísticos incluidos en las secciones previas de este capítulo y en los estudios nacionales ilustran más que suficientemente este punto. Si bien hay excepciones, el acervo de información en la mayoría de los países estudiados es poco más que un censo por década y, en el mejor de los casos, encuestas anuales cuya cobertura deja mucho que desear.

Si bien estos “factores de oferta” de las políticas (subordinación, debilidad de instituciones y carencia de información) presentan un panorama negativo, la demanda por las mismas se incrementó notablemente en los años noventa y ha producido una tendencia en la que se detectan elementos positivos. A comienzos de la década, en gran parte de la región predominaba la visión que “la mejor política era no hacer ninguna política”. Si bien este aforismo nunca tuvo tanto peso respecto a las PYME como el que tuvo respecto a las políticas de alcance sectorial, caracteriza un primer momento de confianza irrestricta en los mecanismos de mercado. A mediados de la década, se presenció un claro resurgimiento del interés de las autoridades públicas y de las cámaras empresariales en políticas activas de apoyo a la competitividad, entre ellas la de fomento a las PYME. Sin embargo, ese mayor interés no fue acompañado de avances similares en materia de implementación de las mismas, las que muchas veces permanecieron a nivel de declaraciones o de documentos, más o menos difundidos al público.

A finales de los años noventa, el panorama era mucho más alentador y puede estar prefigurando características de la presente década. En diversos países de la región, surgieron instrumentos de apoyo a las PYME novedosos, cuya eficacia es generalmente reconocida. En los siguientes capítulos de este libro se detallan muchos de ellos, entre los que destacan iniciativas como los Programas de Fomento (PROFO) en Chile, el programa de Calidad Integral y Modernización (CIMO) y los Centros Regionales de Competitividad Empresarial (CRECE) en México, los Centros de Desarrollo Empresarial (CDE) en Argentina y los Centros de Desarrollo Tecnológico (CDT) en Colombia. La evaluación del impacto de estos instrumentos aún está en sus comienzos, pero los pocos casos que se han estudiado con metodologías robustas muestran la eficiencia de los mismos.[16] Su principal limitación es su reducido alcance; así, su propio carácter de instrumentos pioneros, aunado a los relativamente reducidos recursos asignados para su ejecución, ha implicado que su impacto aún esté limitado a un grupo de empresas pequeño respecto al universo de PYME en los países donde se han puesto en práctica.

Esta dinámica, en la que se pasó de no querer hacer políticas a un resurgimiento del interés en las mismas —aunque con baja capacidad de implementación— y finalmente a la creación de nuevos instrumentos eficaces, refleja el progreso en la capacidad de diseño de políticas de los países de la región. Este avance se ha producido incluso en países donde la capacidad de las instituciones a cargo del apoyo a las PYME es muy débil. En esos casos, la cooperación externa y la expansión internacional de los servicios de asesoría (de base individual o empresarial) ha servido como mecanismo de transmisión de conocimientos y experiencias.[17] A nivel del debate y de los objetivos de políticas, e incluso de su contenido substantivo, las diferencias entre países se han diluido sensiblemente.[18] Esta relativa uniformidad sugiere que el espacio donde hay que evaluar las diferencias nacionales es el de la implementación.

En particular, los contenidos de las políticas diseñadas han tendido a uniformizarse, e incluso repetirse. Así, las tres grandes áreas de las políticas de competitividad (fomento a las exportaciones, desarrollo tecnológico y capacitación de los recursos humanos) están presentes en todos los países, a las que se agregan los instrumentos habituales en materia de financiamiento, en su triple dimensión de acceso, garantías y costo.[19] Estas políticas “tradicionales” tienden a instrumentarse mediante mecanismos de asistencia técnica que progresivamente reconocen que, para cierto estrato de las PYME, las necesidades de apoyo van más allá de ofrecer servicios para abarcar la propia definición de la demanda de esos servicios (Dini y Katz, 1997). Posiblemente, el contenido más novedoso, aunque todavía no generalizado, en las políticas diseñadas en la región esté presente en los esfuerzos por aumentar la articulación entre las PYME o entre éstas y las grandes empresas. Si bien mecanismos como uniones de compra, de venta o de crédito o instrumentos de apoyo a la subcontratación, por ejemplo bolsas de subcontratación, distan de ser nuevos en la región, lo novedoso es el enfoque sistemático con el que se han encarado los esfuerzos en favor de la articulación entre empresas. Las ventajas asociadas al desarrollo de vínculos entre empresas han sido ampliamente reseñadas en la literatura,[20] así como los costos asociados al aislamiento, los que se resumen en el conocido aforismo “el problema de las pequeñas empresas no es que sean pequeñas, sino que están aisladas”.

Pese al creciente interés en aumentar la articulación entre empresas, este objetivo aún no es parte de una estrategia de largo plazo para el desarrollo de las PYME en la región. Incluso en los casos más exitosos de articulación, la misma ha sido concebida como un instrumento para alcanzar objetivos de corto plazo, sin que llegue a constituir la base de visiones estratégicas, las que, por otra parte, están ausentes en la mayoría de los planteamientos de política.

Los análisis nacionales contenidos en este libro ilustran el fuerte contraste entre los avances en materia de diseño y las graves fallas en la implementación de las políticas, el que, por otra parte, ha caracterizado al conjunto de las políticas de competitividad (Peres, 1997). Sin embargo, la contradicción es más evidente en el caso de las políticas de apoyo a las PYME debido a las grandes expectativas depositadas en las mismas y la creciente publicidad que reciben, en especial en lo referente a su posible impacto en la generación de nuevos puestos de trabajo. La evidencia de los casos nacionales muestra que la asignación de recursos humanos y financieros para la implementación de esas políticas ha sido insuficiente para posibilitar la concreción de esas expectativas. Incluso en los países relativamente más desarrollados de la región, los recursos directamente asignados a esa política no superan algunas décimas de punto porcentual del PIB. En el otro extremo, es decir, en los países más rezagados, el apoyo a la PYME efectivamente implementado tiende a ser casi totalmente dependiente de la ayuda o la cooperación internacional. Estos problemas son agravados por el carácter procíclico de las políticas, particularmente la de financiamiento, que es especialmente sensible a la coyuntura macroeconómica.

La escasez de recursos se combina con problemas institucionales; en particular, con la excesiva fragmentación de la toma de decisiones en la materia. Si bien la heterogeneidad empresarial, sectorial y geográfica del universo de las PYME justifica en parte la gran cantidad de programas existentes —al menos a nivel de diseño—, hay una gran falta de coordinación entre esos esfuerzos. Esto ha llevado a la repetición de experiencias sin el correspondiente aprendizaje y a fuertes costos para las empresas que desean acceder o incluso informarse sobre esos programas.

La diferente madurez institucional en materia de apoyo a las PYME en la región se refleja en diferentes capacidades para articular programas e iniciativas. Así, por ejemplo, frente a instituciones con amplia experiencia, alcance y capacidad normativa, como el Servicio Brasileño de Apoyo a las Micro y Pequeñas Empresas (SEBRAE) o la Corporación de Fomento a la Producción (CORFO) en Chile, la multiplicidad de acciones encaradas en países como Argentina, Colombia y México no ha sido acompañada por instituciones eficaces en su coordinación, mientras que, en los restantes países, lo que generalmente se detecta son acciones aisladas. En esos casos, la coordinación de acciones tiene a lo sumo un alcance geográfico o en lo referente a un tipo de instrumento, nunca en lo que hace a una visión de conjunto del universo de las PYME.

La coordinación a nivel de instrumentos específicos, aunque evita duplicaciones, generalmente lleva a una visión de la intervención de política que se ha calificado como “instrumentalista”, entendiéndose por tal una situación en la cual la operación de un instrumento de política adquiere un valor por sí misma, con independencia de si logra o no objetivos que habitualmente demandan la articulación de más de un instrumento. Este síndrome es particularmente evidente en el caso de la evidente falta de vinculación eficaz entre instrumentos financieros y no financieros. Si bien la complejidad de algunos instrumentos pueden demandar una coordinación especializada, en aras de la misma no se debe dejar de lado que la intervención de política para ser exitosa debe ser “integral”, es decir, articular una multiplicidad de instrumentos.

Los casos nacionales proveen evidencia que la fragmentación de las decisiones y la escasez de recursos asignados a la política de apoyo a las PYME se ha traducido en el poco impacto de las mismas. Más aún, la carencia generalizada de mecanismos robustos para evaluar del impacto de las políticas dificulta el correspondiente aprendizaje, el que es también trabado por la baja participación de las empresas objeto de la política en el diseño de la misma. Si bien, en la región, se constata un mayor reconocimiento de la necesidad de mecanismos de negociación entre los sectores público y privado y la operación de algunos ejemplos que han mostrado su eficacia y estabilidad (Peres, 1997), las PYME aún no son protagonistas importantes en el diseño de las políticas que las afectan. La representatividad de las cámaras y asociaciones empresariales varía fuertemente entre países y sectores, pero difícilmente se la puede caracterizar como siendo tan fuerte como para suponer que el acuerdo de una cámara con una política es muestra del acuerdo de sus representados, reales y potenciales, con la misma. En esta área, se necesita un enfoque más “orientado al cliente”, aunque se debe reconocer que los esfuerzos para coordinar acciones fragmentadas de política pueden poner un límite a iniciativas “desde abajo” que reflejen más cabalmente las demandas de las empresas. Los riesgos de caer en juegos con dilema del prisionero demandan soluciones de coordinación que necesariamente limitan los rangos de acción de los agentes.

Si bien un enfoque “desde abajo” es sumamente atractivo en términos de dar poder a los agentes (empowerment) y de descentralización, se enfrenta a un fuerte límite cuando el objeto de la política son empresas que por su rezago, generalmente asociado a su muy pequeño tamaño, no siempre tienen capacidad de definir sus demandas en materia de acceso a instrumentos de fomento, como ha sido reconocido por los programas que enfatizan la asistencia técnica. Naturalmente, superar este dilema implica un cierto compromiso, fácil de enunciar, difícil de concretar.

En resumen, el balance de las políticas de apoyo a las PYME reseñadas en este volumen muestra elementos positivos y negativos. Entre los primeros, destacan el creciente reconocimiento por los gobiernos y los formadores de opinión de la importancia del tema y las posibilidades de crecimiento de este tipo de empresas, y los avances en materia de diseño de instrumentos novedosos y eficaces. En los segundos, resalta que, en la mayoría de los países, las políticas tuvieron un escaso impacto debido a la falta de recursos financieros y humanos para su implementación y a la fragmentación de la toma de decisiones entre las agencias de gobierno. Por estas razones, el impacto de los nuevos instrumentos es todavía débil y se concentra en un número limitado de empresas. Por ello, la política no ha podido ser un determinante importante de los resultados agregados que se constataron en las secciones anteriores.

1.5     FACTORES DETERMINANTES DE LOS RESULTADOS

En principio, las tendencias de las PYME descritas en las secciones anteriores son el resultado de la interacción de diferentes factores, incluyendo los efectos de las reformas económicas en el nuevo modelo económico, las condiciones macroeconómicas, la profundidad y complejidad de la estructura industrial y el impacto de las políticas orientadas a apoyar y fomentar el desarrollo de estas empresas. Debido a que la calidad de los datos disponibles no permite llevar a cabo un análisis cuantitativo que separe los efectos de las diferentes variables determinantes, en esta sección sólo se plantean sugerencias acerca de su orden de importancia.

Como se sugirió en la sección anterior, los efectos de las políticas públicas orientadas a apoyar y fomentar el desarrollo de las PYME pueden descartarse como factor determinante de importancia. La evidencia de los estudios nacionales presentados en los restantes capítulos de este libro indica que tuvieron poco peso en casi todos los países, quizá con la excepción de medidas básicamente aisladas o de las actividades de instituciones especializadas, tales como el SEBRAE y el banco de desarrollo industrial mexicano Nacional Financiera (NAFIN),[21] aunque éstas últimas constituyen la excepción más que la regla.

Eliminadas las políticas públicas de apoyo como un factor determinante de la dinámica de las PYME, en el cuadro 11 se muestra una clasificación de los países según el desempeño de las PYME con respecto a la producción y la productividad al mismo tiempo que se califican los efectos de los otros factores mencionados: a) las condiciones macroeconómicas (indicadas por las tasas de inflación y el crecimiento del PIB); b) la importancia de las reformas económicas (indicada por el incremento del índice de liberalización del comercio[22] calculado en Morley y otros (1999); y c) la profundidad y desarrollo de la estructura industrial (indicada por el peso de la producción de maquinaria y equipo en las PYME). Las condiciones macroeconómicas se clasifican cualitativamente como muy positivas (++), positivas (+), negativas (-) y muy negativas (--). A pesar de las limitaciones de este método, se pueden sugerir los siguientes resultados.

CUADRO 11
FACTORES DETERMINANTES DEL DESEMPEÑO DE LAS PYME

Países

Desempeño en producción de las PYME

Desempeño en productividad de las PYME

Condiciones macroeconómicas (crecimiento del PIB y estabilidad de precios)

Aumento del índice de liberalización comercial

Peso de maquinaria y equipo en la producción de las PYME

Argentina 1984-94

++

++

+

Grande

Considerable

Chile 1990-96

++

+

++

Nulo

 

México 1988-93

++

++

+

Reducido

Considerable

Colombia 1991-96

+

+

+

Grande

 

Costa Rica 1990-96

+

++

+

Grande

 

Ecuador 1991-96

+

+

+

Grande

 

Perú 1992-94

+

+

+

Grande

 

Brasil 1985-97

+

+

+

Grande

Considerable

Chile 1981-90

--

--

-

Reducido

 

Uruguay 1988-95

-

+

+

Reducido

 

Venezuela 1990-95

--

--

--

Reducido

 

Fuente: Base de datos sobre las PYME industriales, Unidad de Desarrollo Industrial y Tecnológico, División de Desarrollo Productivo y Empresarial, CEPAL, y Samuel Morley, Roberto Machado y Stefano Pettinato, Indices de reforma estructural en América Latina, Serie Reformas Económicas, 12, CEPAL, 1999.

Es posible apreciar que los principales factores determinantes de la dinámica de las PYME son las condiciones macroeconómicas (crecimiento del PIB y estabilidad de los precios), con Chile (1990-1996), México (1988-1993) y Argentina (1984-1994) como los ejemplos positivos más importantes y Venezuela y Chile (1981-1990) como los ejemplos negativos. Además, la información preliminar del censo en México muestra que las PYME redujeron su participación en el empleo manufacturero total desde un 44.6% a un 39.9% de 1993 a 1998, período en el cual el país tuvo un crecimiento anual de solamente un 2.6% después de experimentar la peor crisis económica en medio siglo en 1995.[23] Esta estrecha relación entre las condiciones macroeconómicas y el desempeño de las PYME no es de extrañar dado que, como se vio anteriormente, las PYME orientaron su producción casi completamente al mercado nacional.

La complejidad y grado de desarrollo de la estructura industrial parece jugar un papel positivo en los grandes países. Las estructuras industriales más avanzadas donde las PYME se encuentran fuertemente ligadas entre sí en clusters de producción o con grandes empresas por medio de subcontrataciones, estimulan la modernización de sus estructuras técnicas y de gestión. Un acceso más fácil y de menor costo a la información tecnológica y de mercado constituye otro resultado de una estructura industrial relativamente más desarrollada. Todo ello puede haber fortalecido la capacidad de las PYME para enfrentar la competencia y volverlas más flexibles para reaccionar ante los cambios que se producen en el ambiente económico.

El impacto de la mayor liberalización del comercio varió de acuerdo con el país. Se observa que sus efectos, sean negativos o positivos, no han sido similares en todas partes, incluso cuando la competencia de las importaciones pueda haber influido sobre el modelo de especialización de las PYME (por ejemplo, en el escaso dinamismo de los sectores de la ropa y del calzado, mencionado anteriormente).[24] En dos países (Brasil y Uruguay) el desempeño productivo deficiente de las PYME coincide con un aumento en la liberalización del comercio. En Brasil, la evidencia indica que el comportamiento macroeconómico mediocre tuvo un papel más importante que la liberalización, lo que se muestra, en el sentido contrario, por el buen desempeño de las empresas de este tamaño entre 1994-1997 cuando la economía se estabilizó y experimentó un crecimiento (véanse los trabajos de Rocha y da Silva, y de Saboia, en este libro). En el caso de Uruguay, habría una evidencia más concluyente del efecto negativo de la apertura del comercio (en este caso hacia el Mercado Común del Sur, MERCOSUR) sobre el tamaño del sector industrial en general y la producción de las PYME en particular (véase el trabajo de Romaniello en este libro).

1.6     CONCLUSIONES

A pesar de las limitaciones de la información disponible y de la metodología utilizada es posible llegar a algunas conclusiones, incluso algunas bastante originales.

Las PYME no son un actor marginal en la estructura industrial de los países de la región y no experimentaron un estancamiento ni una caída generalizada en la producción, el empleo y la productividad después de las reformas económicas que implantaron el nuevo modelo económico. Aun cuando su productividad es mucho más baja que la de las grandes empresas, la brecha entre ambas se ha reducido en algunos países. Sin embargo, las tendencias nacionales son demasiado disímiles como para permitir algún tipo de generalización.

Como era de esperar de empresas que realizan muy pocas exportaciones y orientan casi toda su producción al mercado interno, el desarrollo de las PYME ha dependido fuertemente de las condiciones macroeconómicas. La liberalización del comercio puede haber tenido un efecto negativo en algunos países debido al incremento de las importaciones, pero en todo caso está lejos de ser un efecto generalizado que permita apoyar afirmaciones como “las PYME son las perdedoras en el nuevo modelo económico”.

La liberalización del comercio parece haber tenido mayor influencia sobre la polarización entre ramas de producción de las PYME que sobre el desempeño de este tipo de empresas en su totalidad. Existe fuerte evidencia de procesos de especialización sectorial al interior de las PYME. Al respecto, es más correcto plantear que “en las PYME hay sectores ganadores y perdedores” que suponer un desempeño deficiente de esas empresas en su conjunto. El incipiente dinamismo de las exportaciones realizadas por las PYME en algunos países apunta en esta misma dirección.

Considerando estos efectos de las reformas económicas, se abre un espacio importante para el desarrollo de las políticas públicas de apoyo y fomento del crecimiento de las PYME. Durante los años noventa, se han dado importantes avances en materia de diseño de políticas de apoyo al sector, que incluyen instrumentos novedosos y eficaces. En ese cuadro, dadas las fuertes fallas de implementación que prevalecen en los países de la región, el paso más constructivo sería concentrar esfuerzos en el desarrollo institucional y en la asignación de recursos humanos y financieros que permitan efectivamente poner en práctica los nuevos instrumentos con un alcance amplio sobre el universo de las PYME. Sin embargo, dada la evidencia sobre los determinantes del desempeño de este tipo de empresas, continúa siendo crucial mantener condiciones macroeconómicas de estabilidad y generar un contexto conducente a un ritmo de crecimiento económico elevado y sostenido, lo que no es poco pedir en América Latina y el Caribe al inicio de la década de 2000.

1.7     BIBLIOGRAFÍA

Balassa, Bela, Gerardo Bueno, Pedro-Pablo Kuczynski y Mario Henrique Simonsen (1986), Toward Renewed Economic Growth in Latin America, Institute for International Economics, Washington, D.C.

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* Respectivamente, Jefe y Oficial de Asuntos Económicos de la Unidad de Desarrollo Industrial y Tecnológico, División de Desarrollo Productivo, de la CEPAL. Una primera versión de las secciones 2, 3 y 5 de este capítulo fue publicada por la CEPAL bajo el número de serie LC/R. 1938, Santiago de Chile, diciembre de 1999. La versión en inglés de las mismas secciones fue publicada en World Development en un número especial sobre The Microeconomics of the New Economic Model in Latin America, coordinado por Wilson Peres y Nola Reinhardt (Volumen 28, No. 9, septiembre de 2000). La primera versión de la sección 4 fue publicada en Peres y Stumpo (2001).

[1] Chile constituye la excepción donde las reformas económicas comenzaron a mediados de la década de 1970. En la segunda mitad de esta década también hubo procesos de reforma de corta duración en Argentina y Uruguay que se vieron interrumpidos por la crisis de la deuda externa de comienzos de los años ochenta. Para un análisis de los tres países, véase Ramos (1986).

[2] Balassa y otros (1986, p. 94) destacó que la eliminación de la elevada protección, de las restricciones para comprar insumos importados y del control de precios sería especialmente beneficiosa para las pequeñas y medianas empresas, las cuales sufrieron particularmente las consecuencias de estas medidas.

[3] Entre los escasos esfuerzos para cuantificar el desempeño de las PYME en América Latina desde una perspectiva regional, se destaca el realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) cuyo resultado más reciente es el trabajo de Lloréns y otros (1999). También es difícil encontrar estudios con una orientación regional para el período anterior a las reformas; una notable excepción es el trabajo de Castillo y Cortellese (1988) que incluye información sobre 11 países entre 1973 y 1984 y analiza tres de ellos en detalle (Brasil, Colombia y Chile).

[4] Estos países son: Argentina, Barbados, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Nicaragua, Perú, Santa Lucia, Uruguay, Trinidad y Tobago, y Venezuela.

[5] El caso de Chile recibió un trato especial porque, aunque el período anterior a las reformas debería concluir antes de 1973, no se dispone de información sobre ese período. Como resultado de ello, este estudio consideró dos períodos: a) Chile (1981-90), período con una secuencia de crecimiento, crisis y recuperación el cual presenta en promedio un crecimiento económico de casi cero, y b) Chile (1990-96), período de fuerte crecimiento. En Chile (1981-90) y en la década anterior, se llevaron a cabo reformas cuyos efectos maduraron en 1990-96.

[6] En los estudios que se prepararon para cuatro de estos países (Barbados, Nicaragua, Santa Lucía y Trinidad y Tobago), no se obtuvo información más que para un solo punto en el tiempo lo que no permitió efectuar la comparación cuantitativa necesaria para evaluar en cada uno de ellos el desempeño de las PYME después de las reformas. Para más detalle, véanse los capítulos correspondientes de este libro.

[7] Bolivia, El Salvador y Paraguay. En ese cuadro, se debe prestar especial atención a los años y los rangos de tamaño para los cuales se presenta la información. Las notas del cuadro son importantes para identificar los países cuyos datos incluyen a las microempresas. Aun cuando el objetivo de este libro no incluye a empresas de este tamaño, en algunos países no fue posible obtener información que las excluyera de los totales.

[8] Los datos para México se basan en los censos industriales que incluyen plantas de maquila. Los datos para 1998 muestran que el tamaño promedio de las plantas de maquila era de 330 trabajadores; es decir, en promedio eran grandes empresas. Sin embargo, en cinco divisiones (empaque y enlatado de alimentos, ropa, calzado de cuero, muebles y químicos) de las 11 para las cuales se disponía de datos desagregados, el tamaño promedio de las plantas variaba de un rango de 145 a 242 empleados; es decir, en promedio eran empresas medianas de acuerdo con la definición utilizada en México (véase el cuadro 1). Estas divisiones daban cuenta del 30% del total del empleo en maquila.

[9] En “maquinaria y equipo” se incluye maquinaria eléctrica y no eléctrica, productos eléctricos y electrónicos, equipos de transporte, e instrumentos científicos.

[10] Debido a la falta de información, cuando se considera el caso de Chile sólo se incluyen empresas pequeñas, es decir, aquellas que emplean de 10 a 49 trabajadores. La única excepción es el cuadro 1 para cuya elaboración fue posible obtener información sobre el empleo y la producción de empresas medianas para un año (1996).

[11] Los datos para Costa Rica y Nicaragua no incluyen las PYME en zonas de promoción de exportaciones, es decir, plantas de maquila. La mayoría de éstas son grandes firmas.

[12] Sin embargo, los mismos estudios contienen evidencia de exportaciones incipientes realizadas por pequeñas empresas en Brasil; Colombia y Perú como también de un aumento en “exportaciones menores” en Argentina (véanse los capítulos correspondientes en este libro).

[13] Gran parte de la información proveniente de censos nacionales o encuestas de la industria se presenta por tamaño de plantas de producción y no empresas (las que podrían tener varias plantas). Esto no constituye un problema para el análisis de las PYME per se, aunque sí lo es cuando se las compara con las grandes empresas.

[14] Aun cuando esto es correcto para el período que se analiza en este trabajo (1988-1993), los resultados preliminares del Censo Industrial para 1998 en México indican que el empleo en las grandes empresas creció más rápidamente que el de las PYME entre 1993-1998. En el momento de redacción del presente capítulo, aún no se dispone de información sobre la producción de las PYME para 1998.

[15] Otras políticas con las mismas características son fomento a las exportaciones, impulso al desarrollo tecnológico y capacitación de los recursos humanos. Para más detalle véase, Peres (1997), capítulo 1.

[16] Para ejemplos de tales evaluaciones, véase el capítulo sobre Chile en este libro.

[17] Un ejemplo ilustrativo se encuentra en el caso de Nicaragua. Para más detalle, véase el capítulo correspondiente en este libro.

[18] Para un interesante ejemplo de cómo ese debate ha permeado incluso a los países más pequeñas, véanse los capítulos sobre Costa Rica y Trinidad y Tobago.

[19] Una notable ausencia en las políticas reseñadas en los capítulos siguientes son los elementos vinculados a la “nueva economía” y el uso de tecnologías digitales (principalmente Internet) por parte de las PYME. Esto podría explicarse por el hecho que los documentos de base de esos capítulos se elaboraron durante 1998, es decir, antes de la reciente explosión del tema Internet en la mayor parte de la región.

[20] Para una reseña reciente de la literatura, véase Di Tomaso y Dubbini (2000).

[21] Los programas del SEBRAE prestaron asistencia a 3.8 millones de PYME en todos los sectores económicos en 1997 --incluye duplicaciones-- disponiendo de recursos corrientes y de fondos de reserva estimados en 1.2 billones de dólares al tipo de cambio entonces vigente (véase el trabajo de Rocha y da Silva en este volumen). El crédito de NAFIN a las PYME manufactureras alcanzó a 2.4 billones de dólares por año en el período 1992-1994; sin embargo, después de la crisis de 1995 esta cifra cayó a 350 millones por año entre 1995-1998 (datos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público mexicana).

[22] Se considera más importante el incremento del índice que su nivel ya que lo que interesa es identificar el posible impacto del aumento de los productos importados sobre las PYME y no una situación que ya ha asimilado tal impacto (por ejemplo, Chile en 1990-1996).

[23] La información presentada por Dussel (1999) muestra un resultado similar para las PYME manufactureras registradas en el sistema de seguridad social de México.

[24] La liberalización del comercio podría haber jugado indirectamente un papel positivo, si se aceptan los resultados de Lora y Barrera (1998) y de Stallings y Peres (2000). En efecto, éstos muestran que la reforma del comercio tuvo un impacto significativo sobre el crecimiento del PIB el cual a su vez influyó sobre el desempeño de las PYME.