32ª. REUNIÓN ORDINARIA DE LA ASAMBLEA GENERAL DE LA ASOCIACIÓN LATINOAMERICANA DE INSTITUCIONES FINANCIERAS PARA EL DESARROLLO

Santiago, Chile, 16 y 17 de mayo de 2002

 

Samuel Arancibia L.   [1]
Economista Jefe
Banco Santader Central Hispano-Banco Santiago

 

"EL FINANCIAMIENTO DEL DESARROLLO EN LA AMÉRICA LATINA DEL NUEVO SIGLO: MERCADOS, INSTITUCIONES E INSTRUMENTOS"

1.    Agradezco la gentil invitación a participar en esta conferencia y excuso la inasistencia del señor José Juan Ruiz, Director de Análisis y Estrategia de la División América del Banco Santander. Lamento sinceramente su ausencia y dejo constancia que para mí constituye un privilegio representarlo y muy especialmente hacerlo frente a esta distinguida audiencia. 

2.    Celebro la realización de este encuentro y destaco como un hecho positivo, sumamente revelador, el que - en una reunión de instituciones dedicadas al financiamiento del desarrollo - se consulte la participación de representantes de instituciones financieras privadas. Quisiera ver en esto, en primer lugar, un reconocimiento - muy válido, por cierto - de la contribución que estas instituciones hacen al desarrollo de la región. En segundo lugar, supongo que debo entenderlo también como un recordatorio –  muy perentorio y terminante - de las responsabilidades que, con toda razón, se nos asignan.

 

AMERICA LATINA:  HOGARES EN SITUACIÓN DE POBREZA

 

3.    Entrando en materia y a propósito de los viejos problemas, presento algunos antecedentes que dan cuenta de la situación de pobreza en América Latina. 

Ignorando las importantes diferencias entre países – como lo haré a lo largo de prácticamente toda esta exposición - llamo la atención sobre su nivel: 35% de los hogares en situación de pobreza; intensidad: 15% de las familias en condición de indigencia; y porfía: en las últimas dos décadas no ha habido progreso alguno. Más aún, presumo que la información correspondiente a los años posteriores a 1997, nos debiera llevar a reconocer un franco deterioro.

 

AMERICA LATINA:  CRECIMIENTO DEL PIB
(promedio anual)

 

4.    La mantención de altos índices de pobreza durante los últimos 20 años, coincide con la significativa reducción en la tasa de crecimiento económico de América Latina a partir de la llamada crisis de la deuda de comienzos de los años 80's. Desde entonces nuestro crecimiento ha sido mediocre – es decir, inestable y en promedio bajo - sobre todo al compararlo con décadas anteriores, en las que exhibimos importantes progresos en la lucha contra la pobreza. 

5.    En definitiva, los antecedentes presentados confirman, una vez más, la relación universal entre pobreza y crecimiento y nos recuerdan que en América Latina todavía existe mucha pobreza. Es decir, hay muchas carencias por atender, muchas necesidades por satisfacer y muchos proyectos por emprender. Convengamos, entonces, que América Latina es una región de grandes oportunidades; apreciación que se ve reforzada al constatar la abundancia de sus recursos naturales.

6.    Las dos principales fuentes del crecimiento económico son la acumulación de capital y los aumentos de productividad. Reducir la pobreza exige mantener un crecimiento alto y sostenido y éste, a su vez, supone, por una parte, asegurar una tasa de inversión elevada y estable y una óptima calidad de la misma y, por otra, garantizar el establecimiento de condiciones que favorezcan los aumentos continuos de productividad.

 

AMERICA LATINA Y EL CARIBE:  FORMACIÓN BRUTA DE CAPITAL Y SU FINANCIAMIENTO

 

Durante la década de los años 90’s la tasa de inversión en América Latina se mantuvo relativamente estable a niveles equivalentes al 20% del PIB. Este esfuerzo de inversión es inferior al observado en años recientes, tanto como promedio mundial como para los países subdesarrollados considerados en su conjunto y, definitivamente, muy inferior al registrado en los países del Asia Pacífico. 

7.    La inversión se financia, fundamentalmente, con ahorro interno o doméstico y, complementariamente, con ahorro externo. La importancia relativa del primero sugiere que estimularlo y promoverlo en todas sus formas y expresiones – es decir, público y privado, de empresas y personas – debe ser una preocupación prioritaria de las políticas públicas. En el centro de este proceso de ahorro e inversión se ubica el mercado de capitales, por lo que un objetivo central de estas políticas será facilitar e inducir su desarrollo, reconociendo que es el mecanismo responsable de captar y maximizar los recursos de ahorro y de transferirlos y asignarlos óptimamente a los distintos proyectos de inversión.  

8.    El desarrollo financiero de un país se puede medir a través de la razón entre Crédito al Sector Privado y Producto Interno Bruto.

 

PAISES AMERICA LATINA:  GRADO DE BANCARIZACIÓN AÑO 2002

Por mucho tiempo la asociación que se observa entre este índice y el nivel de desarrollo económico se interpretó como indicativa de una relación de causalidad en la que el mayor desarrollo económico induciría – así se pensaba – un mayor desarrollo financiero. Este predicamento – según el cual el sector financiero se acomodaría y adaptaría, en forma más bien pasiva, al sector real de la economía – está siendo reiteradamente desafiado por abundante evidencia que sugiere una causalidad en la dirección opuesta: el desarrollo financiero sería un factor explicativo del desarrollo económico y, más aún, conducente no sólo a él, sino también a la estabilidad macroeconómica y a la reducción de la pobreza. 

9.    Con la pretensión de aportar referencias concretas invoco estudios según los cuales al doblarse el citado índice de desarrollo financiero – pasando, por ejemplo, de 20 a 40% del PIB - el crecimiento económico promedio de largo plazo, aumentaría en casi 2 puntos porcentuales y la desviación standard de la tasa de crecimiento se reduciría de 4 a 3% por año. En definitiva, el mayor desarrollo financiero induciría un crecimiento económico más alto y más estable. 

10.    Los antecedentes y consideraciones anteriores no hacen sino subrayar la importancia del desarrollo del sector financiero que aparece llamado a aliviar precisamente los dos problemas que – según denunciaba hace algunos minutos - han caracterizado el desarrollo de América Latina en las últimas décadas: su lento ritmo y su alta inestabilidad.  

11.    Sobre el desarrollo del sistema financiero considero que los gobiernos están llamados a jugar un importante papel en cuanto a focalizar y concentrar sus esfuerzos en el diseño, establecimiento y mantención de un marco legal y de una infraestructura jurídica que lo promuevan. La regulación y supervisión financieras – independientemente de cuan sólidas y efectivas puedan llegar a ser – deben complementarse en el cumplimiento de sus responsabilidades, eminentemente preventivas, con el ejercicio - tan intenso como sea posible - de la disciplina del mercado. En este sentido auspicio sistemas financieros locales abiertos al resto del mundo, reservando a la prudencia y sensatez de las políticas macroeconómicas, el cautelar los riesgos que la apertura financiera necesariamente conlleva y asignando a la flexibilidad de esas políticas y de los distintos mercados, la responsabilidad de aliviar los efectos de tales riesgos cuando ellos, efectivamente, se materialicen.  

12.    Al revisar el desarrollo financiero de nuestros países no parece posible omitir una referencia – así sea tangencial y ciertamente, preliminar - a un asunto que por su relevancia habrá de ser objeto de especial consideración en la Tercera Sesión Plenaria de esta conferencia.  

Me refiero a la problemática de las pequeñas empresas, que son apreciadas como fundamentales desde el punto de vista de la generación de empleo, crecimiento económico y reducción de la pobreza. Pese a esto, son sabidas las dificultades relacionadas con la creación y con acceso al crédito de estas empresas. En América Latina, en general, el desarrollo de la  industria de capital de riesgo ha sido modesto y la insuficiencia de garantías o de historia crediticia en el sistema financiero tradicional, ha dificultado el acceso al financiamiento bancario de estas empresas, induciéndolas a recurrir a fuentes más precarias de crédito, normalmente informales. 

Por otra parte, una amplia evidencia indica que en los países latinoamericanos - en contraste con las economías desarrolladas - existe un exceso de burocracia para crear nuevas empresas. Estudios recientes señalan que el costo, el tiempo requerido y el número de trámites necesarios, para crear una empresa son muy altos en América Latina: el costo fluctúa entre el 12% y el 236% del PIB per cápita y el tiempo requerido varía entre 71 y 171 días -  en comparación con el 1% del PIB per cápita y de 4,5 días, respectivamente, en Estados Unidos y Canadá.  

En conclusión, nuestra institucionalidad económica - en lo que hace al establecimiento y creación de nuevas empresas - y nuestros sistemas financieros - en lo que hace al financiamiento de las pequeñas empresas - tienen un desafío y una tarea pendiente, cuya acertada resolución debiera tener un impacto considerable en el desarrollo de nuestros países.

 

AMERICA LATINA:  FUENTES DE FINANCIAMIENTO EXTERNO
(Millones de dólares)

13.    La evolución del financiamiento externo de América Latina durante la década de los 90’s, se caracterizó, en primer lugar, por un crecimiento significativo y continuo del flujo total de recursos hasta 1997, año de la crisis asiática. Este crecimiento se explica, básicamente, por los flujos de recursos financieros privados. Como segunda característica se advierte la pérdida de la importancia relativa de los flujos oficiales de deuda, que se mantienen estables entre las dos mitades de la década, pero respecto a los cuales - en base a las cifras correspondientes a los años 1998 y, en menor grado, 1995 - podríamos querer advertir algún comportamiento anticíclico. Finalmente, el financiamiento externo se ha caracterizado por la alta volatilidad de prácticamente todos sus componentes. Esto último resulta particularmente serio para una región que - estando muy bien dotada de recursos naturales y materias primas - está expuesta de por sí a la inestabilidad que resulta de las fluctuaciones de los precios internacionales. Al margen de los cambios en las condiciones de liquidez internacional, estimo que las políticas económicas de los países latinoamericanos pueden contribuir decisivamente a reducir la volatilidad de los flujos de capital y a atenuar sus efectos. En este sentido invoco – respecto a la generación y mantención de un marco de estabilidad macroeconómica – a la tan probada eficacia del equilibrio en las finanzas públicas y de una política monetaria responsable y prudente. Recuerdo asimismo la importancia - desde el punto de vista de la estabilidad y sustentabilidad del crecimiento - de aquellas reformas que aumenten la flexibilidad de los mercados y de las políticas, especialmente en el plano laboral y cambiario. 

Las consideraciones anteriores parecen adquirir especial relevancia al tomar nota que – en la última década - se advierte, a nivel mundial, una sostenida reducción de los flujos oficiales de financiamiento, estableciendo una tendencia respecto de la cual nuestros países difícilmente podrán escapar. Esta tendencia responde a argumentaciones que - siendo muy razonables - resultan difíciles de refutar y que se refieren, en primer lugar, a la creciente importancia de las políticas de equilibrio fiscal en los países industriales, como producto de su reconocimiento oficial como pilares fundamentales de la estabilidad económica. Se agrega a esto, como una segunda consideración, la cada día mayor sensibilidad de los contribuyentes de esos países respecto a los aumentos de la carga tributaria. Todo esto sugiere la conveniencia de crear las condiciones para fortalecer los flujos privados de financiamiento y para aliviar los efectos de su volatilidad.

 

AMERICA LATINA:  INVERSIÓN EXTRANJERA DIRECTA NETA

14.    Volviendo a la evolución del financiamiento externo, destaca - con características excepcionales en cuanto a un crecimiento bastante sostenido - la inversión directa que pasa de 6,8 billones de dólares en 1990 a 58,2 billones en el año 2001, tras haber alcanzado un máximo de 77,3 billones en 1999. Estas cifras incluyen y reflejan los flujos correspondientes a la también creciente inversión extranjera en el sector financiero, en general, y bancario, en particular.  

15.    Respecto de esta última los antecedentes entregados por la CEPAL, referidos a fines de la década de los 90’s, dan cuenta de montos muy significativos en términos de activos consolidados.

 

CUADRO: BANCOS TRANSNACIONALES CON MAYOR PRESENCIA EN LA REGIÓN

América Latina: Los 10 Mayores Bancos Transnacionales según Activos Consolidados en 1999
(en millones de dólares)

La supremacía que aún mantienen los bancos comerciales en los mercados de capitales de nuestra región - a pesar de la desintermediación de que han venido siendo objeto y del llamativo crecimiento de otros intermediarios financieros no bancarios - nos lleva a detenernos brevemente en ellos. En particular, para referirnos a una de las expresiones más trascendentales que la globalización financiera está teniendo en América Latina, cual es la presencia - con características antes no vistas - de entidades y grupos bancarios extranjeros.  

En muchos de nuestros países la presencia de estas instituciones no es un hecho reciente. En esos casos, los bancos extranjeros, generalmente, se definieron como entidades de nicho, especializadas en la atención de grandes compañías, con frecuencia también extranjeras, y en el financiamiento del comercio internacional; líneas de negocio, ambas, en las que ostentaban una clara ventaja comparativa. En los últimos 15, o tal vez 10, años esta situación ha cambiado drásticamente. En muchos casos, la profundización de la presencia de la banca extranjera en América Latina ha sido una consecuencia de procesos de reorganización de las industrias bancarias locales a raíz de las severas crisis que las afectaran. Esto ha significado que los bancos extranjeros han pasado a ser instituciones de mucho mayor tamaño y envergadura, que manejan amplias y bien establecidas redes de distribución, atendiendo a muchos, sino a todos, los segmentos del mercado de servicios bancarios, incluidos los de créditos masivos.  

De esta forma los bancos extranjeros han dejado de ser un enclave dentro de los sistemas financieros locales - como alguna vez podrían haber sido percibidos - y se han integrado de manera mucho más plena y efectiva, llegando a ser una parte integral y gravitante de ellos. 

Al hacerlo - al menos así lo aprecio en base a una observación más directa del caso chileno - han intensificando la competencia, induciendo importantes progresos en materia de eficiencia operativa. Es esto lo que en definitiva permite extender el acceso al crédito y a los servicios financieros a sectores cada vez más vastos de la población.  

La prudencia con que las autoridades reguladoras locales flexibilicen la entrada de entidades bancarias extranjeras - reservándola sólo a aquéllas de reconocida seriedad y bien ganado prestigio - habrá de ser compensada, como de hecho ya está ocurriendo, con aportes significativos en términos de iniciativas tendientes a fomentar la transparencia y uso de las mejores prácticas de gobierno corporativo. El permanente diálogo de los participantes con los reguladores - tan necesario para el progreso de la industria - habrá de verse enriquecido con sugerencias concretas en materias tales como la ampliación del negocio bancario, a la luz de las experiencias de los países de origen de donde los bancos extranjeros provienen. Todo esto facilita el que en un mundo cada vez más global, la regulación y supervisión sean también más globales y, por lo tanto, más efectivas.   

 

SANTANDER CENTRAL HISPANO EN AMÉRICA LATINA

  • Presencia en 12 países de la región

  • Inversiones en la región supeores a los US$16,000 millones

  • 4.400 sucursales, la más extensa red en América Latina

  • 23 millones de clientes

  • Consolidación como el mejor grupo en cada uno de los países que opera

16.    Me resulta particularmente grato terminar mis comentarios sobre los bancos extranjeros en la región, anunciando – en un breve paréntesis - que la expansión que el Grupo Santander Central Hispano emprendiera a lo largo de los noventa en América Latina, no se ha detenido en la nueva década. Más aún, en los dos años ya transcurridos, ha continuado el proceso de consolidación en la región y es así como actualmente el Grupo tiene una presencia activa en 12 países, a través de diversas instituciones financieras entre las que se cuentan, además de bancos, administradoras de fondos de pensiones, de bienes raíces, corredoras de bolsa y de seguros, compañías de créditos hipotecarios y empresas de leasing, factorage y cobranzas. 

Desde el año 2000 se han realizado importantes operaciones de adquisición de entidades y negocios, entre las que destacan la compra del Banco do Estado de Sao Paulo en Brasil y la del Grupo Financiero Serfín en México, con lo que el total  acumulado de inversiones en la región alcanzó a fines del año pasado a un total de 15.679 millones de dólares. A esto se agrega la muy reciente y feliz adquisición en abril recién pasado del 35,45%, de las acciones del Banco Santiago que estaban en poder del Banco Central de Chile, a través de una operación que involucró un desembolso cercano a los 700 millones de dólares. 

La alta presencia del Banco Santander Central Hispano se ve reflejada en su red de sucursales - una de las más extensas de la región - las que llegan a un total de 4.400. A través de ellas se atiende a un número creciente de clientes que en este momento alcanza a 23 millones. 

El Grupo ha desarrollado una organización altamente eficiente, con una tecnología superior, aportando competencia e innovación al sector bancario en los distintos países y mostrando un excelente desempeño.

17.    Retomo el hilo central de la exposición recordando que la inversión extranjera en su variante más robusta en términos de monto y crecimiento, ha sido la inversión directa. Sin embargo, en los últimos dos años se observa una importante reducción, en lo que podría ser un primer signo de la existencia de factores que están lesionando la confianza de los inversionistas en nuestros países. 

La otra modalidad -  inversión de cartera o accionaria - es un fenómeno bastante reciente en América Latina y que parece tener un enorme potencial.

Esto se aprecia al contrastar el tamaño - relativamente pequeño - de nuestros mercados accionarios locales, con el de los inversionistas institucionales de los países industriales, que - en términos de fondos administrados - han experimentado un desarrollo verdaderamente espectacular en los últimos 25 años. La demanda de estos inversionistas por los títulos accionarios de nuestras compañías debiera traducirse - al menos en el plano puramente especulativo - en un aumento en el precio de esas acciones, lo que equivale para ellas a una reducción del costo de capital.

Desgraciadamente estas legítimas expectativas se han visto y se están viendo con frecuencia frustradas por serias dificultades y desordenes que afectan a nuestros países, elevando la percepción de riesgo que de ellos tienen los inversionistas y desalentando la inversión tanto en títulos de deuda  o de renta fija, como en instrumentos de renta variable o acciones.

GRÁFICO: COMPRAS DE ACCIONES Y ADR’s LATINOAMERICANOS POR INVERSIONISTAS DE LOS ESTADOS UNIDOS

 

 

Los antecedentes que presento, referidos a las compras anuales por parte de inversionistas de los Estados Unidos de títulos accionarios latinoamericanos – ya sea en la forma de acciones propiamente tales o ADR’s – parecen sumamente reveladores en cuanto a sugerir que, más allá de los condicionantes y avatares propios de la economía mundial, habría factores de carácter interno a nuestra región que explicarían la sistemática reducción de nuestra participación en el total de estas operaciones desde un máximo de 5,7% en 1997 a sólo un 1,7% el año pasado. Esto configura para el período posterior a la crisis asiática una pérdida de la posición relativa de nuestros países en la captación de estos recursos, más severa y aparentemente más duradera que la que afectara a los propios países de Asia.  

Esto también se advierte con enervante claridad en los flujos asociados a títulos deuda, en los que los aumentos en las primas por riesgo o spreads han anulado absolutamente las favorables condiciones de tasas de interés prevalecientes en los mercados internacionales.  

Si bien la observación de información agregada para toda la región puede no sólo esconder la relativamente alta concentración de estas modalidades de financiamiento en algunos pocos países, sino también ocultar realidades individuales diversas, no invalida la apreciación general de que nuestra región no se está beneficiando en plenitud de las atractivas alternativas que los mercados internacionales ofrecen y que, en muchos casos, ello se explica por factores de origen y de responsabilidad de nuestros propios países.  

18.    La segunda fuente de crecimiento económico corresponde a los aumentos de productividad. Me permito hacer una breve digresión para recordar el envidiable record de crecimiento de China en los últimos 25 años. En 1978 el gobierno de ese país emprendió un ambicioso programa de reformas orientado a permitir al mercado un rol más activo en el proceso de asignación de recursos.  

Dicho programa contempló, entre otras iniciativas, la formación de empresas privadas rurales y urbanas, la liberalización del comercio exterior y de la inversión extranjera, la relajación de algunos controles estatales de precios y un especial impulso a la capacitación de la fuerza de trabajo. El resultado fue un crecimiento económico a una tasa promedio anual de 9%, asociado a un espectacular aumento de la productividad. En efecto, de explicar el 18% del crecimiento – relativamente más bajo e inestable - pre reformas, pasó a explicar el 42% del más elevado y sostenido ritmo de crecimiento observado desde fines de la década de los 70’s.

19.    De esta experiencia – en tantos sentidos tan distante de nuestra realidad latinoamericana – rescato el potencial de los aumentos de productividad como fuente de crecimiento económico sostenible a través del tiempo. Posiblemente inspirados en el reconocimiento de este potencial, muchos países latinoamericanos emprendieron a comienzos de la década pasada una serie de reformas orientadas a incentivar el ahorro, la inversión y, por ende, el crecimiento a través, por ejemplo, de la reducción del proteccionismo y de los controles cambiarios, liberalización financiera, flexibilización de la normativa sobre inversión extranjera, perfeccionamiento de los sistemas tributarios y privatizaciones de empresas públicas. El que la reducción del proteccionismo aparezca encabezando esta lista ilustrativa de reformas, no es accidental sino deliberado. La apertura de la economía al resto del mundo, expone a los productores locales de los sectores de bienes transables a la competencia con productores de distintos países del mundo, obligando a los primeros – para beneficio directo de los consumidores - a igualar, al menos, en términos de costos la mejor oferta proveniente del exterior. La incapacidad de hacerlo los obliga a abandonar ese sector de actividad económica, liberando recursos que podrán reasignarse a aquellas ramas de la producción en las que efectivamente estén en condiciones de competir. Cualquiera sea la solución que se adopte el resultado será necesariamente un aumento en la productividad. De aquí entonces que la apertura de la economía al exterior sea reconocida como una fuente permanente de captación de los beneficios de las reducciones de costos en el mercado global y sindicada como una reforma fundamental y anterior a todas las otras. 

20.    Distintas razones y urgencias han restado fuerza y en algún sentido han impedido la profundización de estas reformas, particularmente en materia de privatizaciones y mercado laboral. A este respecto, la llamada crisis mejicana de fines de 1994 y comienzos de 1995, aparece como el primero de una serie de elementos distractivos que habrían llevado a muchos gobiernos de la región – presionados por las emergencias - a centrar su accionar en materia económica en asuntos de corto plazo, posponiendo, en muchos casos indefinidamente, la agenda reformadora. 

 

ÍNDICE DE LIBERTAD ECONÓMICA PARA PAISES DE LATINOAMERICA

Es así, como en la siguiente ilustración – donde un valor del índice igual a 1 identifica al conjunto de políticas más propicias a la libertad económica - se observa que desde 1995 la mayoría de los países han avanzado bastante poco - e incluso han retrocedido - en su grado de liberalización económica. Destacan como excepciones a esta tendencia general, Chile y Méjico – este último a partir de 1998 - países que  aparecen en un lugar de vanguardia en materia de reformas económicas y sociales.RÁFICO: EVOLUCIÓN DE  CHILE Y MEXICO 

El resto de los países de América Latina parece haber actuado inspirado en la opinión de quienes postulan – a mi juicio apresuradamente – que ya se ha hecho lo suficiente en materia de reformas liberalizadoras llegando incluso – ocasionalmente - a responsabilizarlas del modesto crecimiento reciente de la región.  

21.    Parafraseando un respetable teorema según el cual en un mundo de muchas distorsiones la eliminación de sólo algunas de ellas no necesariamente conduce a un mejor estado de cosas, nos contamos entre aquellos que piensan que la realización de sólo algunas de las mencionadas reformas no sólo no garantiza un mejor desempeño económico en términos de crecimiento sino que puede en verdad comprometerlo me cuento entre aquellos que piensan que la realización de sólo algunas de las mencionadas reformas no sólo no garantiza un mejor desempeño económico en términos de crecimiento, sino que puede en verdad comprometerlo.

 

LÁMINA: REFORMAS

 

En este sentido suscribo la necesidad no sólo de completar las reformas económicas – también llamadas de “Primera Generación” – destinadas a corregir políticas y alterar algunos aspectos básicos de la estructura económica de los países, sino también de emprender las reformas de “Segunda Generación”, que apuntan a establecer un sistema económico eficiente y efectivo, cambiando drásticamente las instituciones del Estado, por la vía de modernizarlo en base a la reducción de la burocracia, el fortalecimiento del derecho de propiedad y el mejoramiento del sistema judicial El no reconocer la relación de complementariedad entre unas y otras reformas puede llegar a tener consecuencias verdaderamente muy graves, de las que desgraciadamente tenemos muchas experiencias en nuestra región. La ilustración más dramática y más reiterada de esto, son los experimentos de liberalización financiera en ausencia de un marco regulatorio sólido y de una infraestructura supervisora efectiva. 

22.    América Latina necesita urgentemente alcanzar una tasa alta y sostenida de crecimiento económico para reducir los niveles de pobreza.

 

CONCLUSIONES:  LO QUE QUEDA POR HACER.....

  •  

Retomar la senda de crecimiento presentada ante de la crisis de la deuda

  •  

Consistencia de las Políticas Macroeconómicas a lo largo del tiempo

  •  

Completar tanto las Reformas Económicas básicas, como las Reformas instituciones aún pendiente

  •  

Profundización y Desarrollo del Sistema Financiero junto a un fortalecimiento en la Supervisión

Esto exige, en primer lugar, establecer condiciones favorables a aumentos permanentes de productividad, completando las reformas económicas básicas conducentes a maximizar el potencial del funcionamiento de mercados competitivos libres, evitando toda forma de represión económica. En este plano, la apertura de la economía al exterior destaca como un elemento prioritario e indispensable. Las reformas económicas deben ser complementadas con aquéllas otras tendientes a modernizar las instituciones del Estado, fortaleciendo la propiedad privada y reduciendo la burocracia. 

Lo anterior – desarrollado en un marco de políticas macroeconómicas consistentes en cada momento en el tiempo y coherentes a lo largo del tiempo – reducirá los factores de riesgo percibidos por inversionistas nacionales y extranjeros. El correspondiente menor premio por riesgo habrá de traducirse en un menor costo de financiamiento y de capital, aumentando los niveles de inversión. Se fortalecerá así el segundo determinante central del crecimiento.  

El desarrollo del sistema financiero – basado en una sólida y efectiva regulación, ejercida en un ambiente de intensa competencia - permitirá optimizar la captación de recursos de ahorro tanto en el mercado local como en el global. 

La conjunción de mayores niveles de inversión con mejoramientos sostenidos de productividad, define un camino de mucha disciplina y esfuerzo internos. Confío, en que  complementado – desde afuera - con esa cuota de “buena fortuna” tan necesaria para toda empresa de éxito, habrá de generar finalmente un círculo virtuoso, que permita aprovechar al máximo el enorme potencial de riqueza y de progreso que atribuyo a nuestros países.  

Muchas gracias

 

Santiago, 16 de mayo del 2002

 



[1] Agradezco la colaboración de los señores Ricardo Manosalva y Rodrigo Palacios en la preparación de esta exposición. Agradezco especialmente los muy apreciados aportes y comentarios del señor Guillermo Gutiérrez. Todos ellos forman parte de la Gerencia de Estudios del Banco Santiago. La responsabilidad por cualquier error u omisión es sólo mía..