Palabras del Presidente de ALIDE, ingeniero Gonzalo Rivas Gómez, en la Sesión Inaugural de la XXXI Asamblea General de ALIDE

(San José, Costa Rica, 24 de mayo de 2001)


 
      
A nombre del Consejo Directivo de ALIDE, quiero agradecer, en primer lugar, la hospitalidad costarricense y saludar la extraordinaria organización que el Banco Nacional de Costa Rica ha desplegado para realizar esta reunión. Al estar en este país se entiende por qué el turismo se ha convertido en una de sus principales fuentes de ingreso, pues a la belleza de su paisaje une la excepcional amabilidad de su gente.

        Agradecemos la asistencia del señor Presidente de la República, don Miguel Angel Rodríguez. Con ella realza este evento y nos da nuevos bríos para seguir trabajando en los grandes propósitos que tiene ALIDE, tal como han sido remarcados por el doctor Rodolfo Brenes.

        ALIDE es, en efecto, un espacio de encuentro y progreso común de las instituciones de financiamiento de desarrollo de América Latina. Se hace cargo así de una larga tradición de búsqueda de integración latinoamericana –de sueños, como los que mencionaba nuestro amigo Rodolfo, sueños bolivarianos–, cuyo sello distintivo no es simplemente que seamos un conjunto de instituciones financieras y bancos de desarrollo, sino el hecho de pertenecer a un mismo continente. Tenemos un alma común, compartimos sueños semejantes y queremos aportar a ellos. ALIDE es un instrumento que colabora para que nuestras instituciones, nuestra banca de desarrollo, se adapte mejor a las cambiantes necesidades y escenarios en que se da esta lucha por el desarrollo de nuestro continente.

        Hoy en día ese escenario está marcado por significativos cambios en la institucionalidad de nuestros países, habiéndose registrado avances muy importantes en materia de desregulación y de apertura financiera. La creciente integración internacional (tanto los flujos comerciales como financieros), la globalización y el acelerado cambio tecnológico, constituyen rasgos que caracterizan el panorama mundial en que se da esta aspiración al desarrollo de nuestros países.

        Ante estos nuevos desafíos, desde ALIDE hemos enfatizado un claro mensaje a todos nuestros asociados: la necesidad de que lleven a cabo una acción que compense aquellas áreas en las cuales el mercado y las instituciones financieras tradicionales no son capaces de brindar una respuesta satisfactoria a las demandas del crecimiento económico y social de nuestro continente.

        En ALIDE se congregan instituciones que han sido pioneras y exitosas en campos tan disímiles como las operaciones de microcrédito –que ayudan al progreso de empresarios muy pequeños–, el financiamiento tanto de mediano como de largo plazo a la pequeña y mediana empresa, el financiamiento agrícola y el financiamiento de largo plazo de grandes obras que involucran un grado alto de incertidumbre y riesgo. Si no fuera por la concepción de banca de desarrollo que guía a estos organismos, muchas de estas tareas no podrían ser abordadas.

        Sin embargo, no podemos confundir esta vocación de compensar aquellos ámbitos en los cuales el mercado se muestra inadecuado para actuar eficientemente, con una licencia para distribuir de modo insensato subsidios u otorgar malos créditos; no ser buenos banqueros, en definitiva. Eso retarda y constituye un freno a los cambios que los actores deben emprender en nuestros países.

        Si queremos crecer e integrarnos al proceso de globalización, debemos constituirnos en entes que apoyan el desarrollo, y no que obstaculizan la dinámica de progreso, la que generalmente conlleva ajustes por parte de los distintos actores de nuestras economías. Prácticas de esa naturaleza pueden desembocar, como ha ocurrido en el pasado, en que nuestras instituciones caigan en falencia, malgasten recursos financieros pertenecientes a toda la nación y pierdan el patrimonio más importante que poseen: la confianza y credibilidad de las personas.

        En consecuencia, la labor de la banca de desarrollo está signada por las complejidades de esta dualidad. Por una parte, su necesidad y vocación de suplir al mercado en aquellas esferas en las cuales éste se revela insuficiente para apoyar el desarrollo integral y equitativo de nuestras sociedades. Y por otra, el riesgo de caer en la tentación de hacerlo de una manera tal, que simplemente termine constituyéndose en un factor de retraso, por malas prácticas en sus propias operaciones.

        El margen entre uno y otro punto es estrecho, como un angosto desfiladero en el que nuestras instituciones deben transitar. El papel de ALIDE consiste, precisamente, en ser un instrumento que permita que las buenas experiencias de cada uno se intercambien, para progresar en conjunto y hacer que los sueños de los que hemos hablado se conviertan en un logro real y tangible para los habitantes de nuestros países.

        Este foro apunta a contribuir a la eficiencia y eficacia de tales propósitos. Pero también busca ser un espacio abierto a la innovación. Nuestras instituciones y nuestros países así lo requieren. Si no somos capaces de entender las claves que singularizan los cambios de la economía global en la cual estamos insertos, simplemente no podremos prestar el apoyo que la sociedad espera de nosotros. Por ello debemos abrirnos a la reflexión, sobre temas que hoy día se imponen como retos a nuestras sociedades, dentro de los cuales cabe preguntarse el papel a desempeñar por nuestras instituciones.

        Uno de estos temas es, obviamente, el que convoca a esta XXXI Asamblea, cual es la viabilidad y la sostenibilidad de la banca de desarrollo en un mundo global.

        Sin embargo, hay otras interrogantes que ALIDE debe encarar a través de todas sus entidades miembros. Por ejemplo, el rol que pueden jugar nuestras instituciones en los procesos de integración promovidos por los acuerdos de libre comercio, que están marcando no sólo la realidad de nuestro continente sino que también las relaciones extracontinentales.

        Otra cuestión es cómo abordar de manera decidida variantes de apoyo en capital de riesgo, que permitan sostener procesos de innovación en nuestras economías; cómo apoyamos la internacionalización de nuestras empresas y la venida de compañías foráneas a nuestros países, experiencia en la cual Costa Rica puede enseñarnos mucho.

        Cómo apoyamos la inversión en capital humano constituye también una pregunta importante. Siempre señalamos que los recursos humanos, las personas, representan nuestro principal activo, la mayor riqueza de nuestros países, y que la inversión en ellas es la más rentable que podamos realizar. De qué forma, entonces, como bancos e instituciones financieras enfrentamos el desafío de financiar la inversión de los estudiantes que desean acceder a las universidades, a cursos de graduados o a postgrados que les permitan contribuir de manera más eficaz a nuestras aspiraciones de desarrollo.

        Como se ve, hay un sinfín de interrogantes que abren, a su vez, espacios de reflexión acerca del papel que podemos desempeñar como Asociación Latinoamericana de Instituciones Financieras para el Desarrollo.

        Al finalizar, deseo reiterar los agradecimientos a nuestros anfitriones, particularmente a Su Excelencia, el presidente Rodríguez, quien con su presencia –como he dicho– ha realzado este evento.

        Espero que en nuestro trabajo tengamos presente las palabras que ha pronunciado el licenciado Rodolfo Brenes, respecto a cómo somos capaces de contribuir a que los sueños de nuestro pueblo latinoamericano puedan tener una real posibilidad de materializarse, a través de una acción eficiente y eficaz de su banca de desarrollo. Para eso estamos.

        Muchas gracias.