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FERNANDO CALLOIA Presidente de la 37ª Asamblea General de ALIDE y Presidente del Banco de la República Oriental del Uruguay (BROU) |
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Quisiera dar la bienvenida a las delegaciones, al público en general y compañeros del Banco de la República, y autoridades nacionales.
Es para mí un inmenso placer presidir la 37ª Reunión Ordinaria de la Asamblea General de ALIDE por varias razones, la primera de ellas, porque mi vínculo con esta institución lleva algo más de 15 años desde que junto con el Secretario General, Rommel Acevedo, iniciamos tareas de investigación sobre banca de desarrollo, y en particular porque el Banco de la República, desde sus orígenes, siempre tuvo como banco del Estado una inmensa vocación de contribuir al desarrollo económico del país.
El Banco de la República nació con esa finalidad muy particular, y ante la crisis bancaria mundial de 1890 y la caída de un gran banco privado (el Banco Nacional en esos años) es que el país sintió la necesidad de contar con una herramienta potente que le diera estabilidad a ese tema financiero y que superara las continuas crisis que había vivido la economía uruguaya, en particular, la situación financiera del país en el último cuarto del siglo XIX. Y entonces, el legislador, aprobó la Carta Orgánica del BROU en 1896, y a partir de ese año, Uruguay deja de sufrir crisis financieras hasta los años 60, cuando un proceso muy extenso de estancamiento económico en el país hace colapsar todas sus estructuras y como tal también la financiera.
Entonces, en esos momentos, se centró la discusión de cuál debería ser el papel del Banco de la República como banco de desarrollo y cuál debía ser el papel de los bancos de desarrollo en los países latinoamericanos, y fue una discusión muy fuerte a nivel internacional, y aún lo sigue siendo. Algunos bancos de desarrollo tuvieron que cerrar sus puertas, otros se privatizaron, otros se transformaron en bancos de segundo piso y otros, continúan en la búsqueda de aquellos criterios, o aquellas lógicas de funcionamiento que contribuyan al cumplimiento de sus objetivos, y el Banco de la República nunca estuvo ajeno a esa temática, en un tiempo se decía que debía abandonar su actividad promocional y ser un banco comercial más. Desde distintos ángulos dentro del banco, dentro de la cultura de los funcionarios del Banco de la República, estaba esa resistencia natural a no ser un banco comercial, a redefinir su función dentro de la nueva lógica económica, nacional, regional y mundial y realmente contribuir decisivamente al desarrollo económico del país, y en ese marco, en esa discusión estamos.
La nueva administración que comenzó en el 2005, reposicionó al BROU como banco de desarrollo, y desde entonces ese sería el eje de la actividad del banco, pero con cambio sustancial respecto a lo que fue su lógica del pasado.
En primer lugar, y creo que hay que señalarlo con la más firme convicción, no puede ser un banco que reciba lineamientos del sector político, más allá de lo que puedan ser los lineamientos básicos del programa económico del gobierno. La interferencia política de los bancos de desarrollo en general ha conducido, naturalmente, al quiebre de estas instituciones. El BROU no fue ajeno a ese tipo de presiones y tampoco fue ajeno a un deterioro progresivo de su nivel patrimonial, al extremo que hace dos o tres años tuvimos que recurrir a la garantía del Estado sobre los fideicomisos de créditos en mal estado para poder sostener el nivel patrimonial.
Hoy debemos decir que la situación es totalmente inversa, hemos trabajado duro en este gobierno, justamente en ese doble sentido, en el sentido de contribuir a hacer de éste un banco de desarrollo potente, y de otro lado contribuir a que este banco actúe con criterios esencialmente técnicos, dentro de un programa global de gobierno, y que la interferencia política en la toma de decisiones sea mínima.
Y sobre esas bases estamos trabajando con el apoyo absoluto del señor Ministro de Economía, lo que ha permitido que el banco no solamente cancelara tres años por adelantado esa garantía estatal, y además, hoy es uno de los bancos que tiene un mayor nivel de requisito patrimonial y con niveles holgados con respecto al promedio de la banca, tiene niveles de eficiencia comparables a cualquier banco internacional de su tamaño; tiene niveles de rentabilidad que superan incluso a la rentabilidad promedio de la banca privada del país.
Entonces, una vez cubiertos esos aspectos básicos, le tocó al Banco República el segundo paso: una vez que hemos cubierto los aspectos patrimoniales, los aspectos de rentabilidad, de eficiencia, debemos definir nuestra actividad promocional, cómo se va a realizar, con qué instrumentos y de qué manera, por eso esta Asamblea de ALIDE es fundamental para nosotros, porque uno de los elementos esenciales que estamos trabajando es toda la problemática de la inclusión financiera que es la contraparte del proceso de exclusión financiera que tuvo este país y muchos de los países latinoamericanos, sobre todo en todos los procesos liberalizadores que transitaron durante los años 80 y 90.
La inclusión financiera viene a ser un elemento esencial de una política de desarrollo, si bien antes el esfuerzo básico estaba en aportar a los principales proyectos de inversión los fondos necesarios para su financiamiento, dada la escasez de financiamiento que había en Latinoamérica en esas décadas, hoy tal vez ese financiamiento es más fluido, hay muchos más intermediarios financieros dispuestos a financiar proyectos de largo plazo y entonces tenemos que reorientar la información hacia donde más podemos impactar en el desarrollo económico y social de estos países que es justamente la inclusión financiera.
Les agradezco mucho por su participación. Muchas gracias por estar en Uruguay. Bienvenidos.
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